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Diario Expreso Ecuador

La duda de los genios

La duda e inseguridad persiguieron a grandes genios del arte como Paco de Lucía, Kafka y Vargas Llosa, llevándolos a cuestionar la genialidad de sus creaciones

La duda persiguió a grandes genios del arte como Paco de Lucía, Kafka y Vargas Llosa. La angustia por la esquiva capacidad creadora, incluso la sospecha de no tenerla, los atormentó.

La duda persiguió a grandes genios del arte como Paco de Lucía, Kafka y Vargas Llosa. La angustia por la esquiva capacidad creadora, incluso la sospecha de no tenerla, los atormentó.Archivo Expreso

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Paco de Lucía, un portento de la guitarra, dudaba de su talento, “para mí, yo toco mal casi siempre”, dijo en una entrevista, admitiendo la distancia que a su juicio separaba su ejecución de la que aspiraba cuajar. De la misma veta de la inconformidad o, más exactamente, de la conciencia de las propias limitaciones, parece aflorar la crítica de Kafka a su propia obra maestra, La metamorfosis, que calificó en su diario con un lapidario “Final ilegible. Imperfecta casi hasta la médula”; o la frase de John Steinbeck, “No soy escritor. Me he estado engañando a mí mismo y a los demás”; o la confesión de Vargas Llosa a El País, “No tengo talento natural. Me cuesta escribir”. Hemingway lamentaba lograr una página buena por cada noventa y tantas de basura.

La angustia por la esquiva capacidad creadora, incluso la sospecha de no tenerla, persiguió a muchos escritores, pintores, músicos, especialmente a los más grandes. La sufrió Tchaikosvsky, y Miguel Ángel, quien al final de sus días afirmaba que apenas había aprendido el alfabeto de su oficio. Y quebró los nervios a Morante de la Puebla, forzándole a prolongadas ausencias del ruedo, un torero que parece tener un pacto casi exclusivo con el duende y, no obstante, no ha tenido empacho en compartir las dudas que le asaltan sobre su talento y la ansiedad de no estar a la altura de la faena que le inspira. Larreta le acusó a Borges de ser un genio y éste contestó “no crea, son calumnias”.

El arte no necesita de la lógica

Los hombres de ciencia, como les gusta llamarse a sí mismos a los observadores de la naturaleza, dudan menos de su capacidad, según parece, pero lo suyo no es crear ni alcanzar los umbrales del encanto que eriza la piel y anega la contemplación, sino afirmar lo que se puede probar y reducirlo a fórmulas secas.

Por eso intuyo que el arte, cuando brota de la genialidad de la duda, de un talento que su poseedor juzga muy inferior a la cota de la emoción estética que ambiciona, nos acerca más a la verdad que la ciencia o la razón arrogante, porque el arte no se logra con certezas ni se mueve dentro de las fronteras de la lógica, es humilde, creación espontánea -en acto, como sostenía García Lorca-, inspiración irracional que desborda el canon y logra algo irrepetible, único, de una belleza que sacude. John Keats lo expresó de manera formidable: “La belleza es verdad, la verdad, belleza”. La verdad evade a los que saben demasiado.

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