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Diario Expreso Ecuador

De alquiler

La caída de José Serrano deja una lección sobre el poder, sus límites y la memoria selectiva con la que la política suele reescribir su pasado

José Serrano fue ministro del Interior y presidente de la Asamblea Nacional durante el correísmo.

José Serrano fue ministro del Interior y presidente de la Asamblea Nacional durante el correísmo.Archivo

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¿Qué será lo que tiene el poder que hace creer a quienes lo alcanzan que será suyo para siempre? Quizá sea difícil imaginar la caída cuando todos te contestan el teléfono, los policías te abren paso, nadie te contradice y todos te tienen miedo. Supongo que uno se acostumbra rápido y termina confundiendo el ocupar el poder con poseerlo.

Seguro José Serrano sabe algo de eso. Durante años fue uno de los hombres fuertes de Correa. Hoy está preso y el actual Gobierno lo exhibe como trofeo. Será la justicia la que determine sus responsabilidades, pero las vueltas que da la vida ya hicieron lo suyo. El hombre que alguna vez tuvo al aparato estatal a sus órdenes conoce ahora la sensación de tenerlo de contrincante.

Y a quienes hoy disfrutan del espectáculo, incluidos quienes lo prepararon, no les vendría mal mirar su ejemplo. Algún día tampoco tendrán el poder y entonces quizá descubran que los jueces independientes, el debido proceso, los derechos humanos y los límites al poder resultan bastante útiles cuando quien manda es otro.

Pero, además, la caída de Serrano ha obrado otro prodigio. Resulta que no ha sido correísta. Que haya estado casi seis años al frente del Ministerio del Interior y después haya presidido la Asamblea, aparentemente no es suficiente. Como luego se quedó con Moreno, algunos de sus antiguos y fieles compañeros han decidido hacerle correcciones a su biografía.

José Serrano: los méritos son de la Revolución, las culpas son personales

Eso sí, es una amnesia selectiva. Cuando hay que recordar la reducción de homicidios, la condecoración de la DEA o la captura de Rasquiña, la memoria queda intacta. Esos supuestos éxitos sí pertenecen a la Revolución Ciudadana y su líder. Lo demás es asunto personal de Serrano. Correísta para cobrar, pero morenista para pagar. Es de admirar semejante elasticidad moral. Los méritos sobreviven a la expulsión, pero las responsabilidades se van con el expulsado.

Pero bueno, ya sabemos qué tiene el poder. Mientras dura convence al ocupante de que es el dueño. Serrano acaba de descubrir, de la peor manera, que el contrato es solo de alquiler. A los actuales inquilinos no les vendría mal tenerlo en cuenta.

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