Innovar no es destruir
La IA y la innovación educativa en Ecuador enfrentan un problema recurrente: confundir progreso con destrucción del legado anterior

Cada nuevo ministro de Educación arrasa con el legado del anterior y volvemos a empezar de cero. Por eso Ecuador no progresa en lo educativo.
Hace ya algún tiempo, cuando tuve la oportunidad de asistir invitado por Norma-Santillana a Santiago de Chile para un encuentro con el futuro de la inteligencia artificial en la educación, junto a distintas experiencias impresionantes y sabias exposiciones, escuché repetir, en tres o cuatro ocasiones, la idea de: “innovar no es destruir”.
Este pensamiento clave puede servir para entender el porqué no progresamos en el Ecuador en lo educativo, y cómo proceder frente a un futuro al que avanzamos, en ocasiones, intentando descubrir la pólvora y el agua tibia. Y es que, entre nosotros, cada ministro arrasa con el legado del anterior, y en cada momento entonces, damos un salto atrás y volvemos a empezar.
Actualizar y proyectar no implica descartar lo anterior
Mas el error puede ser generalizado, porque las gentes tienden a pensar que modernizar es eliminar todo lo anterior, aunque sea válido. Así, educadores y padres, por momentos, perdemos pista y no rescatamos lo válido de lo que el ser humano ha construido por décadas y siglos. En lugar de trabajar aquello, actualizarlo, proyectarlo y ubicarlo en su contexto sociocultural para mejorarlo, lo descartamos.
Los padres de hoy destruyen lo recibido de sus progenitores, como si nada bueno hubiesen hecho aquellos como para rescatarse. Y ciertamente, algo habrán hecho bien al formarlos. Los educadores de hoy se enamoran de teorías, a veces hasta por moda, y olvidan lo trascendente, lo de fondo, por las vistosas y condescendientes envolturas con que se cubre la realidad. Y, de hecho, en ambos casos nos equivocamos.
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Juan Pablo Pérez Tomalá
Innovar, proyectar, profetizar, progresar son mandatos para la educación; pero en ningún caso debemos caer en la negación de todo lo bueno que, a lo largo de los tiempos, han entregado educadores y pedagogos, sobre los cuales sería mejor construir que olvidar.
Avancemos, por su puesto, pero nunca perdamos de vista el objetivo final de la educación, que es el desarrollo del ser humano integral, al que debemos llegar no solo con complacencias, sino con mensajes claros, retos, ideales, valores y expectativas.
Construyamos sobre fundamentos, sin menospreciarlos.