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Diario Expreso Ecuador

La paradoja de la longevidad

Mientras más exitosa la medicina, más difícil sostener financieramente los sistemas de salud creados para proteger la longevidad: Ecuador ya vive esa transición

La realidad del IESS es que progresivamente menos cotizantes sostienen a más jubilados y con mayores necesidades médicas. Y el principal desafío ya no son solo las pensiones, sino la salud.

La realidad del IESS es que progresivamente menos cotizantes sostienen a más jubilados y con mayores necesidades médicas. Y el principal desafío ya no son solo las pensiones, sino la salud.Archivo Expreso

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Durante siglos, el gran temor de la humanidad fue morir demasiado pronto. Hoy el problema comienza a ser otro: cómo sostener sistemas de salud en sociedades donde las personas viven mucho más tiempo. En el siglo XVIII la expectativa de vida apenas superaba los 30 años, no porque las personas murieran a esa edad, sino por mortalidad infantil, epidemias y falta de medicina moderna. Hoy el promedio mundial supera los 70 años y en muchos países sobrepasa los 80. La medicina contemporánea no solo evita muertes tempranas, también prolonga la vida de quienes padecen enfermedades que antes resultaban mortales.

Crisis del IESS: cómo mantener la jubilación y atender la  salud

La paradoja es evidente: mientras más exitosa es la medicina, más difícil se vuelve sostener financieramente los sistemas de salud creados para proteger esa misma longevidad. Ecuador ya vive esa transición. La población envejece, la expectativa de vida aumenta y la informalidad laboral sigue siendo muy alta. Eso debilita la lógica sobre la que se construyó el IESS: trabajadores activos financiando a menos jubilados. Hoy ocurre progresivamente lo contrario. Menos cotizantes sostienen a más jubilados y con mayores necesidades médicas. Y el principal desafío ya no son solo las pensiones, sino la salud. Las enfermedades crónicas concentran una parte creciente del gasto sanitario. Un afiliado deja de aportar al jubilarse, pero simultáneamente requiere más consultas, hospitalizaciones, medicamentos y tratamientos especializados.

Sin embargo, el envejecimiento por sí solo no explica la situación. Por años el IESS fue administrado bajo lógicas políticas de corto plazo frente a un problema que exige planificación actuarial de décadas. Distintos gobiernos ofrecieron beneficios sin suficiente respaldo financiero, acumularon obligaciones pendientes y postergaron reformas por temor a sus costos políticos.

En el debate público se proponen distintas soluciones: aumentar aportes, elevar la edad de jubilación, crear nuevos impuestos o privatizar el sistema. Lo que suele faltar es una discusión basada en evidencia y no únicamente en preferencias ideológicas. Queda claro que la humanidad aprendió a vivir más años y que la política aún no aprende cómo sostener los sistemas que lo hicieron posible.

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