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Diario Expreso Ecuador
Columna Internacional

George Papaconstantinou y Jean Pisani-Ferry

El mundo después de Trump

El orden económico internacional nacido en Bretton Woods enfrenta su mayor transformación. El euro podría ganar protagonismo si Europa logra respaldarlo

Relaciones comerciales entre Estados Unidos y China marcan el nuevo equilibrio económico mundial.

Relaciones comerciales entre Estados Unidos y China marcan el nuevo equilibrio económico mundial.EFE

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Cuando el primer ministro canadiense Mark Carney afirmó que el mundo atraviesa “una ruptura, no una transición”, sintetizó una realidad ineludible: el orden económico internacional surgido en 1944 ha llegado a su fin. La cuestión ya no es preservarlo, sino definir qué lo sustituirá.

El fin del sistema de Bretton Woods y el orden económico global

Aunque el nuevo escenario no está completamente delineado, algunos rasgos son evidentes. Primero, el sistema de Bretton Woods ha dejado de funcionar como ancla. Su fragilidad quedó expuesta en la crisis de 2008 y se profundizó tras la pandemia. El golpe decisivo vino de Estados Unidos, su principal arquitecto, que ha abandonado su papel global, debilitando el multilateralismo.

Segundo, el comercio internacional no recuperará su antigua apertura. China se ha consolidado como potencia manufacturera dominante, mientras Estados Unidos ha elevado aranceles a niveles históricamente altos. Estos ingresos ya forman parte de su política fiscal, lo que dificulta revertirlos y afianza una tendencia proteccionista.

Tercero, la erosión del orden global también es normativa. La retirada estadounidense de organismos internacionales y el debilitamiento de estándares institucionales han socavado reglas informales que sostenían la cooperación. Reconstruir esa confianza será un proceso largo.

Esto no implica el fin de la gobernanza global, pero sí su transformación. El modelo basado en mercados abiertos, instituciones independientes y liderazgo estadounidense ya no es viable. En su lugar, podría emerger un sistema más flexible, con reglas básicas que limiten daños entre países y protejan bienes comunes.

El enfoque de Dani Rodrik ofrece una guía útil: restringir políticas perjudiciales para otros y preservar márgenes de autonomía nacional. Sin embargo, el mayor desafío es su implementación. Sin un liderazgo claro de Estados Unidos, queda abierta la pregunta de quién establecerá y hará cumplir las reglas.

China, Europa y el nuevo equilibrio económico mundial

El sistema monetario refleja esta incertidumbre. Aunque el dólar ha dominado durante décadas, su posición ya no es segura. El aumento de la deuda estadounidense, las tensiones políticas y la fragmentación del comercio debilitan su base. Es más probable un sistema multipolar que un simple reemplazo por el renminbi, dado que China mantiene restricciones. El euro podría ganar protagonismo si Europa logra respaldarlo políticamente.

Europa enfrenta así un momento decisivo. Aunque reconoce la fragmentación global, su respuesta ha sido lenta y vacilante, con avances tardíos en acuerdos y sin una estrategia clara frente a China ni liderazgo en la reforma multilateral.

Para adaptarse, necesita fortalecer su autonomía económica y tecnológica sin abandonar la globalización. Esto le permitiría actuar con mayor peso en un entorno fragmentado.

La alternativa al antiguo orden no tiene por qué ser el caos. Puede surgir una coalición de países dispuestos a asumir responsabilidades, establecer reglas y garantizar estabilidad, aceptando la diversidad de modelos y rechazando prácticas no cooperativas. Sobre todo, deberán dejar de esperar el retorno del liderazgo estadounidense y empezar a construir activamente el nuevo orden global.

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