Una moneda al aire
Las elecciones de Perú y Colombia exponen una región dividida. La derecha gana por márgenes mínimos y enfrenta el reto de convencer con resultados reales

Por un giro del destino, un golpe de suerte, una diferencia mínima que se esconde detrás de todo margen de error estadístico, la derecha se ha impuesto en Colombia y Perú.
Las recientes elecciones presidenciales de Perú y Colombia guardan llamativas similitudes. En ambos países, la derecha llegó a la segunda vuelta frente a una izquierda dura, ideologizada, heredera de viejos resentimientos y nuevas promesas estatistas. En ambos casos, el voto se dividió casi por la mitad. En ambos, el resultado terminó dependiendo de márgenes ínfimos, de actas observadas, del voto exterior, de ciudades grandes, de regiones olvidadas, de una ciudadanía cansada, rabiosa, desconfiada. En ambos, la democracia no produjo una victoria arrolladora, para nadie.
Una América partida en dos
Caemos fácilmente en la tentación de decir que América Latina se derechiza. Que la tendencia gira a la derecha. Que la marea roja del socialismo del siglo XXI, de los progres, de los montoneros reciclados, de los otrora guerrilleros emerretistas, senderistas, alfaristas, mariateguistas y demás variantes del mismo viejo fracaso, va en franco declive.
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No es así. No hay un giro a la derecha. Hay una división nunca antes vista. Una América partida en dos. Una mitad que quiere orden, seguridad, mercado, disciplina fiscal, inversión y libertad. Y otra mitad que todavía cree que el Estado puede sustituir al individuo, que el gasto público crea riqueza, que el subsidio es justicia, que la empresa privada es la culpable de todo los males y que la pobreza se combate repartiendo lo que otros producen.
Por un giro del destino, un golpe de suerte, una diferencia mínima que se esconde detrás de todo margen de error estadístico, la derecha se ha impuesto en ambos países. Pero sería un error leer esos resultados como un triunfo de la derecha o una derrota de la izquierda.
Lo que la derecha debe demostrar
No es un triunfo, es una oportunidad. Una oportunidad para gobernar para todos, para demostrar que la derecha sí puede funcionar. Que se puede conciliar el orden fiscal con el desarrollo social. Que el dinero público, cuando no se despilfarra en corrupción, burocracia, clientelismo y propaganda, alcanza para servir mejor a los ciudadanos. Que la austeridad no tiene por qué ser crueldad, sino respeto al contribuyente. Que la eficiencia no es insensibilidad, sino responsabilidad.
La derecha tiene hoy una tarea muy difícil. Tiene que convencer a ese otro 50 % que votó en contra; convencerlos, no con retórica o propaganda, sino con resultados. Con empleo, con seguridad, con crecimiento, con estabilidad, con servicios públicos que funcionen. Con instituciones que respeten la ley y gobiernos que no se crean dueños del país.
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Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia atraviesan el mismo momento histórico. Deben gobernar orientados a construir sociedades abiertas, modernas, competitivas, ordenadas y libres. Para eso, la derecha debe estar a la altura. Debe entender que no basta con denunciar el fracaso de la izquierda. Eso ya lo hizo la historia. Ahora debe demostrar que una economía de mercado, con libre competencia, seguridad jurídica, propiedad privada, inversión, independencia institucional y respeto a las libertades individuales, puede ser la base del desarrollo de nuestros países.
La moneda se decantó a la derecha, pero volverá a girar. Si esta oportunidad se desperdicia, si se gobierna mal, si la derecha cae en caudillismo, corrupción, improvisación o venganzas, la otra mitad volverá con más fuerza.