La sentencia y la justicia
Las fallas en la justicia, causadas por corrupción, mala formación o presión política, amenazan la confianza cívica y ponen en riesgo el Estado de derecho

El principio del fin de la sociedad estatal: la gente no arreglará sus problemas ante un sistema de justicia que no sirve, sino de otra forma.
La sentencia es la decisión sobre lo principal del juicio: si se demanda por una deuda, se debe resolver sobre si esta existe, la suma y si el demandado es el obligado. Si es una causa penal, si existe el delito y si el procesado es el responsable y en qué grado. Se entendería que para llegar a una conclusión el juez ha dado por probados los hechos del caso y ha aplicado e interpretado lealmente el derecho; es decir, ha resuelto cuáles son las normas pertinentes para ese caso y ha determinado su verdadero sentido y alcance.
La sentencia puede ser errónea porque el juez, como cualquier ser humano, no es infalible y, por tanto, se puede equivocar, para lo que existen los recursos. El error se puede dar por falta de prueba: la realidad dice que usted prestó el dinero que demanda, pero no hay un recibo y nadie vio esa entrega, por lo que el juez no podrá fallar a su favor. También puede ser porque el abogado se equivocó o simplemente porque es deficiente (por ahí hay universidades que ofertan -o venden- el título en 18 meses). Justamente ese ‘profesional’ no tendrá empacho en decirle al incauto del cliente que el juez fue ‘comprado’ por la contraparte. La sentencia puede ser errónea por simple y mera arbitrariedad (el justiciable me cae mal o bien) o por presiones: la causa tiene componente político, hay coacciones externas o la sociedad ha juzgado el caso (tema en el que la prensa tiene influencia y responsabilidad) y mil cuestiones más. La corrupción pagada, sabemos, también existe, como el ‘plata o plomo’.
Justicia
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Richard Josue Jimenez Mora
Voluntad política y exigencia
¿Qué hacer? Es la pregunta del millón. Lo primero y elemental es tener voluntad política, lo que es difícil porque la tentación de controlar jueces por políticos no es cuestión rara en el mundo. La exigencia en la titulación también, no solo por el modo cada vez más sencillo de obtener el cartón sino por la nula actuación de las autoridades de impedir la venta de grados y posgrados. Para comprar un fallo o lograrlo por amistad o influencias no se requiere estudiar. Pretender que un ignorante, un arbitrario o un vendido aplique el derecho es como pedir que se congele el infierno. Así, la justicia no es una cuestión que esté presente en un tribunal, lo que es el principio del fin de la sociedad estatal: la gente no arreglará sus problemas ante un sistema que no sirve, sino de otra forma. Cuidado y estemos jugando con fuego.