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Diario Expreso Ecuador

Preparen las billeteras, hinchas

Los humanos necesitamos sentirnos parte de un grupo y el Mundial nos ofrece eso de forma inmediata: que la Tri y la fiebre mundialista no afecten tus finanzas

Los ecuatorianos que no viajan al Mundial no se salvan de gastar. Entre la televisión nueva, la camiseta oficial y la comida, incurren en gastos inesperados y rara vez presupuestados.

Los ecuatorianos que no viajan al Mundial no se salvan de gastar. Entre la televisión nueva, la camiseta oficial y la comida, incurren en gastos inesperados y rara vez presupuestados.Archivo Expreso

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A semanas del Mundial, el mundo entero empieza a encenderse.

Nos une para disfrutar del fútbol, alentar a nuestro equipo y enfrentar a otros países con furia. Pero no solo nos llena de emoción: despierta en nosotros un fenómeno curioso, la economía de excepción. Sentimos que el evento es tan importante y único que, de pronto, todo gasto relacionado con él queda justificado. El impulso es tan fuerte que nos convencemos de que es un momento irrepetible y de que nos lo merecemos. Y ese ‘nos lo merecemos’ tiene una lógica peculiar: como Ecuador clasificó, asumimos que todos debemos premiarnos a la altura.

El consumismo detrás de la necesidad de pertenencia

Los que tienen la suerte de viajar gastan en entradas, pasajes, hospedaje y comida, pero al menos suelen prepararse un fondo para cubrirlo. Los que nos quedamos, no nos salvamos. Entre la televisión nueva, la camiseta oficial y la comida, incurrimos en gastos inesperados y rara vez presupuestados.

El problema es la trampa mental del que se queda: “como no me fui, puedo darme los gustos aquí”, y termina gastando más de lo que debería.

Detrás del bolsillo hay algo más profundo: la necesidad de pertenencia. Los seres humanos necesitamos sentirnos parte de un grupo, y el Mundial nos ofrece pertenecer a algo enorme de forma inmediata. Basta con ser hincha. Y ahí está la paradoja: la pertenencia emocional es gratis, pero sostenerla con consumo sale carísimo.

Es solo cada cuatro años que cantamos el himno a todo pulmón, con lágrimas de emoción. Ningún otro evento despierta semejante nacionalismo, y eso también me hace cuestionar qué tan frágil es nuestra identidad nacional, si pende de un hilo según clasifiquemos o no a un Mundial.

Detrás del Mundial hay muchos fenómenos. No hay nada de malo en emocionarse y apoyar a nuestro equipo, pero que no nos deje endeudados hasta el siguiente mundial.

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