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Diario Expreso Ecuador

Cuando había patriotas en Guayaquil

La palabra escrita debe poder expresar la opinión de los pueblos libremente, pero quienes detestan la libertad siempre buscarán sofocarla

Hace casi doscientos cinco años, el Puerto Principal estrenaba su imprenta y con ella su primer periódico, El Patriota de Guayaquil.

Hace casi doscientos cinco años, el Puerto Principal estrenaba su imprenta y con ella su primer periódico, El Patriota de Guayaquil.Archivo Expreso

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Hace casi doscientos cinco años, el Puerto Principal estrenaba su imprenta y con ella su primer periódico, El Patriota de Guayaquil. Los guayaquileños tuvieron que esperar casi tres siglos para recibir un artefacto que Gutenberg había inventado cerca de medio siglo antes de que Colón haya divisado tierras americanas, porque las autoridades coloniales temían su poder para facilitar la divulgación de ideas sediciosas. Por eso Chile recién recibió su primera imprenta una década antes que Guayaquil, en circunstancias similares, y lo que hoy son el Ecuador y Colombia solo vieron sus primeras máquinas en pleno siglo XVIII, gracias a los insistentes oficios de los jesuitas.

La tiranía combate a la libre expresión

Los fundadores de El Patriota, nuestros próceres, entendían bien el poder del instrumento que habían introducido en su provincia: “Observaremos que los tiranos la han visto siempre con horror y han procurado sofocarla, para oprimir más fácilmente a los pueblos. Sin embargo, [la imprenta] ha sido un azote en todas partes, y las provincias de nuestra América, al proclamar su independencia, han dado todas este primer paso hacia la Libertad; porque han creído con justicia que ésa no puede existir sin ilustración, y que uno de los mayores bienes de la sociedad es el poder que cada hombre tiene de manifestar libremente su opinión a sus conciudadanos (…) combatir los vicios o defectos de su gobierno, y censurar la conducta de los malvados”.

Como toda poderosa arma, la palabra escrita debe ser blandida con responsabilidad y humanidad, y así lo advirtieron:

Que se exprese la opinión libremente, pero siempre con dignidad; que se representen abusos del poder y de la magistratura, pero con decoro; que se diga la verdad con firmeza, pero sin importunidad; (…) que se descubran las artes de la ambición paliada con la capa de celo y patriotismo, y que jamás se vulnere el honor de los ciudadanos que (…) o promueven el bien de la Patria o no alteran ni turban el orden social”.

En ese entonces y al igual que ahora, quienes odian la libertad también detestan la palabra. Pero hoy quienes dicen amar la libertad no saben reconocer en la prensa su escudo, y muchas veces ya ni les interesa leer.

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