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Diario Expreso Ecuador

El Niño no tiene la culpa

El fenómeno de El Niño afectará a Ecuador, por eso los gobiernos y sector privado deben actuar ya para proteger vías, cultivos y evitar el colapso económico

Hoy el riesgo por el fenómeno de El Niño vuelve a concentrarse especialmente en la Costa: Guayas, Los Ríos, Manabí, El Oro y Esmeraldas, con extensas zonas vulnerables a inundaciones.

Hoy el riesgo por el fenómeno de El Niño vuelve a concentrarse especialmente en la Costa: Guayas, Los Ríos, Manabí, El Oro y Esmeraldas, con extensas zonas vulnerables a inundaciones.Archivo Expreso

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Se avecina El Niño. Es un hecho inminente, pues ya está presente en el Pacífico ecuatorial y se viene fortaleciendo. Se estima una probabilidad superior al 90 % de que alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno boreal de 2026-2027.

Se prevé que vendrán lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos que pondrán en riesgo a nuestra población. ¿Cuánto del daño podemos evitar antes de que ocurra?

Ya sabemos a qué nos exponemos

Los efectos y consecuencias que acarree el fenómeno de El Niño pueden ser leves si estamos preparados o potencialmente catastróficos si no lo estamos. La falta de prevención, la inoperancia de los servicios asistenciales y la debilidad en la infraestructura del país son factores determinantes en esto. La lluvia destruye cuando encuentra carreteras deterioradas, puentes sin mantenimiento, alcantarillas obstruidas, canales sedimentados, riberas ocupadas y ciudades que crecieron sin planificación.

Ya hemos vivido esto. El Niño de 1997-1998 dejó pérdidas cercanas a USD 2.882 millones, alrededor del 15 % del PIB de entonces. Se destruyeron miles de kilómetros de carreteras y numerosos puentes, se perdieron cultivos, se interrumpieron exportaciones y enormes extensiones quedaron inundadas. La economía se vio afectada con una menor producción, un transporte más caro, escasez de alimentos y mayor gasto público, lo que trasladó el desastre climático a los bolsillos de todos los ecuatorianos.

Hoy el riesgo vuelve a concentrarse especialmente en la Costa. Guayas, Los Ríos, Manabí, El Oro y Esmeraldas reúnen buena parte de la producción agrícola y exportadora del país y, al mismo tiempo, extensas zonas vulnerables a inundaciones. Basta una carretera cortada o un puente colapsado para interrumpir la cadena logística, con lo que se incrementa el costo del transporte, se pierde producción y suben los precios.

Gobierno, sector privado y sociedad civil a unir fuerzas

El Estado ecuatoriano ha activado una alerta preventiva y dispone de un Plan de Acción Nacional ante El Niño 2026-2027. Prepararnos exige identificar los puntos críticos de carreteras y puentes, limpiar drenajes, estabilizar taludes, revisar cauces y estaciones de bombeo y proteger sistemas de agua potable y electricidad. En agricultura se requieren mapas de riesgo, drenaje, protección de cultivos y rutas alternativas para sacar la producción. Municipios, prefecturas y Gobierno central deben coordinar recursos antes de la emergencia, no durante ella.

La participación del sector privado es esencial e imprescindible; a través de contratos de mantenimiento de vías, concesiones, seguros y alianzas público-privadas pueden aportar capacidad técnica, maquinaria, financiamiento y velocidad. Cada dólar gastado antes de una emergencia puede evitar decenas de dólares en reconstrucción después.

La sociedad civil también juega un papel fundamental. Empresas, fundaciones, universidades, organizaciones barriales y ciudadanos pueden contribuir con prevención, información, voluntariado, centros de acopio, maquinaria, transporte y apoyo a las comunidades más vulnerables.

El Niño será fuerte. Depende de nosotros cuánto permitiremos que destruya. No todo podrá atribuirse a la naturaleza. Una parte corresponderá a décadas de abandono, mala planificación y mantenimiento postergado.

El Niño no tiene la culpa de todo.

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