Mario Ribadeneira: el viaje del buen ciudadano
Exembajador, ministro y promotor del consenso político, el legado de Mario Ribadeneira deja una enseñanza profunda sobre la vocación pública en Ecuador

Mario Ribadeneira Traversari fue un hombre bueno, sabio y de ciudadanía ejemplar.
Hace unos días en este mismo espacio escribí que los pueblos que logran salir adelante son aquellos que demuestran civilidad a la hora de honrar a quienes nos dejan en esta vida terrenal. En esta ocasión nos dejó un hombre a quien el entorno que interactuó con él, reconoció sin reservas.
Ecuador despide a un ciudadano que entendió el poder como servicio y el trabajo diario como fuente de vida. Mario Ribadeneira Traversari fue embajador en Washington con León Febres-Cordero; ministro de Finanzas con Sixto Durán Ballén; y entre otros, uno de los impulsadores más importantes de la paz entre Ecuador y Perú, tras un largo conflicto histórico.
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Un pilar de la democracia ecuatoriana
En 1997 creó los Diálogos de Cusín, que sentaron en una misma mesa a Jaime Nebot y a la dirigencia de Pachakutik, y que desembocaron en una profunda reflexión para luego escribir la Constitución de 1998, la última carta política construida por consenso antes del mamotreto de Montecristi.
El correísmo lo persiguió junto a otros exfuncionarios del presidente Durán Ballén, a través de una indagación fiscal. Aunque por un tiempo se asentó fuera del país, jamás se desconectó del Ecuador. Durante estos años, cofundó el Museo Casa del Alabado con su propia colección precolombina, porque entendía que el patrimonio no se acumula, sino que se hereda y se lo pone a disposición de la sociedad.
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Empresario y servidor público
Esa mezcla entre el sector privado y público marcó su vida. Siempre se piensa que el servicio público es ingrato y que es mejor no ingresar en él, pues “para qué meterse en líos”. Un empresario consolidado como Mario debió haber sido propulsor de ese concepto. Sin embargo, guardo con cariño y enorme respeto una nota que me envió en un momento de mi vida y que resume su concepción de la vocación pública: “Haber servido con dignidad, en cargo público de importancia, te lo digo por experiencia, es invalorable y, si bien hoy tendrás dudas de si valió o no la pena hacerlo, muy pronto lo considerarás experiencia única de la que no te arrepentirás, porque te habrá fortalecido”.
Esa profundidad conceptual resume el legado de un hombre público virtuoso. Es un testimonio escrito desde adentro, sobre lo que cuesta servir a un país que aún no descubre lo indispensable para llamarse democrático. Mario lo sabía, pues había vivido la persecución de la injuria política y volvió sin ánimo de revancha, dedicado a construir consensos con quienes pensaban distinto.
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Insistió por eso en el año 2021 en un nuevo Diálogo de Cusín, en el que los temas de seguridad empezaban a constatarse como un punto de inflexión del Ecuador que él había conocido. También aportando la visión consensuada en ese diálogo, de que un orden fiscal es la base de cualquier desarrollo. En honor a él, esos diálogos deben permanecer como mecanismo cívico de discusión en favor de nuestra sociedad.
Decía Aristóteles que solo en sociedad llega el hombre a desarrollarse plenamente. Pues Mario Ribadeneira es un ejemplo de aquello. La obra más importante de su carrera no contiene números en una cuenta o un museo de logros personales. Su legado es dejar un ejemplo de vida de hombre bueno, sabio y de ciudadanía ejemplar.