Diario Expreso Ecuador

Un engendro de la democracia

Creado en Montecristi 2008, el CPCCS prometió transparencia, pero terminó convertido en un minisenado sin rostro que reparte los organismos del Estado

En el centro del quinto Poder -Función de Transparencia y Control Social- se sientan siete personas encargadas de escoger al fiscal, al contralor, al defensor del pueblo y a los árbitros electorales.

En el centro del quinto Poder -Función de Transparencia y Control Social- se sientan siete personas encargadas de escoger al fiscal, al contralor, al defensor del pueblo y a los árbitros electorales.Archivo Expreso

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Montesquieu nos enseñó que el poder se divide en tres. En Montecristi, en 2008, alguien decidió que tres era poco para un país tan generoso, y nos regalaron cinco. En el centro del quinto -la Función de Transparencia y Control Social- se sientan siete personas encargadas de escoger al fiscal, al contralor, al defensor del pueblo y a los árbitros electorales.

La idea venía envuelta en celofán progresista: la ciudadanía organizada, y no los partidos, vigilaría al poder. Era el lenguaje de una época que, gracias a Dios, empezamos a dejar atrás. La ciudadanía no cabe en siete sillas, y quien la invoca para sentarse en ellas suele tener un auspiciante.

Su pariente más cercano es el ‘Poder Ciudadano’ de la Venezuela chavista. Ninguna democracia sólida tiene algo parecido a este chiste institucional.

Las lecciones del fracaso del CPCCS

Hubo hombres y mujeres capaces que intentaron reformarlo desde dentro. Cada uno dejó su esfuerzo atrapado en la misma trampa: apenas salían, o los hacían salir, el Consejo volvía a ser lo que siempre fue, un minisenado sin rostro donde se reparte el Estado. La criatura nació muerta y ningún talento resucita un cadáver.

Luego llegó el voto popular y el remedio salió peor que la enfermedad. En 2023, casi la mitad de los votos fueron nulos o blancos. Este noviembre recibiremos papeletas llenas de nombres que nadie conoce, y una con una sola candidata que gana antes de que abramos el sobre.

Dicen que es un pequeño senado. Ojalá lo fuera. Un senado delibera a la vista de todos, da la cara y responde ante alguien. Este consejo tiene los poderes de un senado y ninguna de sus obligaciones.

Montecristi nos dejó muchas herencias y esta es de las que conviene rechazar. Los experimentos fallidos no se reforman: se aprenden sus lecciones y se los entierra en la noche de los tiempos, para que nunca más vuelvan a asomar.

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