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Diario Expreso Ecuador

Los perdono

El impactante ejemplo de perdón de un padre tras la desaparición y asesinato de sus hijos por parte de militares durante un operativo en el caso Las Malvinas

Luis Arroyo, padre de dos de los niños fallecidos en el Caso Las Malvinas, pronunció palabras de perdón para los militares, en el acto de disculpas públicas por la muerte de los menores de edad.

Luis Arroyo, padre de dos de los niños fallecidos en el Caso Las Malvinas, pronunció palabras de perdón para los militares, en el acto de disculpas públicas por la muerte de los menores de edad.Archivo Expreso

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Hace pocos días, en Guayaquil se realizó el acto público de disculpas ordenado por la Corte Constitucional como medida de reparación tras la condena de 16 militares por la desaparición forzada y asesinato de cuatro niños del barrio Las Malvinas. Nehemías Arboleda, Steven Medina, Ismael y Josué Arroyo, de entre 11 y 15 años, fueron detenidos la noche del 8 de diciembre de 2024 durante un operativo militar. Golpeados, desnudados y abandonados. Sus cuerpos aparecieron días después junto a un manglar.

Un padre que logra perdonar el peor de los dolores

En ese acto, uno de los padres, Luis Arroyo, quien había perdido a dos de sus hijos, de 15 y 14 años, tomó la palabra y pronunció dos palabras que todavía me cuestan digerir: “Los perdono”. Debo admitir algo. No creo que yo fuera capaz de hacerlo.

La muerte de un hijo es uno de los dolores más profundos que puede experimentar una persona. La muerte violenta de dos hijos parece inimaginable. Por eso, cuando escuché las palabras de ese padre, mi primera reacción no fue preguntarme si tenía razón al perdonar. Fue preguntarme cómo lo logró. La ira y el resentimiento ante una tragedia así son comprensibles. Incluso el deseo de que los responsables reciban el máximo castigo posible parece una reacción natural. Cualquiera podría entender esos sentimientos. Lo difícil de comprender es cómo alguien que carga un dolor semejante decide no permanecer en él.

No escribo estas líneas para sostener que todos deban perdonar. Tampoco para afirmar que el perdón sea una obligación moral. Cada persona enfrenta el sufrimiento de manera distinta y nadie tiene derecho a juzgar la reacción de una víctima. Escribo porque me impresiona quien sí fue capaz de hacerlo.

Una lección humana que Ecuador no puede olvidar

Hay actos que admiramos porque nos gustaría realizarlos. Y hay otros que admiramos porque no seríamos capaces de imitarlos. El perdón de ese padre pertenece a esta última categoría.

Mañana es el Día del Padre. Y confieso que he pensado mucho en ese padre. No entiendo qué convicciones, qué fe o qué fuerza interior permiten a una persona perdonar a quienes participaron en la muerte de sus hijos. Solo sé que yo no estoy seguro de poseerlas.

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