El costo de ser coherente
La verdadera prueba del liderazgo aparece cuando hacer lo correcto exige un costo personal, pues liderar implica sostener principios incluso en la adversidad

Con frecuencia se cree que liderar consiste en dirigir personas o alcanzar resultados. En realidad, consiste en sostener los valores de una organización incluso durante los momentos adversos.
Existe una imagen idealizada del liderazgo. Se habla de visión, estrategia y capacidad para inspirar equipos. Sin embargo, pocas veces se habla de aquello que realmente pone a prueba a un líder: la coherencia.
Ser coherente resulta sencillo mientras las decisiones no tienen un costo personal. Los principios parecen inquebrantables cuando afectan a personas con las que no existe un vínculo. La verdadera dificultad aparece cuando hacer lo correcto implica tomar una decisión que duele.
Con frecuencia se cree que liderar consiste en dirigir personas o alcanzar resultados. En realidad, consiste en sostener los valores de una organización incluso durante los momentos adversos.
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Lo que realmente define a un líder
Las reglas solo tienen sentido si se aplican de manera consistente. De lo contrario, dejan de ser principios para convertirse en simples recomendaciones sujetas a las circunstancias o a las afinidades personales.
Y es precisamente ahí donde el liderazgo deja de ser un discurso y se convierte en una responsabilidad.
Quienes dirigimos equipos compartimos años de trabajo con las personas. Conocemos sus historias, celebramos sus logros y, muchas veces, construimos vínculos que trascienden lo profesional. Esa cercanía enriquece a cualquier organización, pero también exige comprender que el afecto nunca puede sustituir al criterio.
La coherencia tiene un costo. En ocasiones implica asumir decisiones que preferiríamos evitar. No porque falte empatía, sino precisamente porque existe. La firmeza y la humanidad no son conceptos opuestos; el verdadero desafío consiste en encontrar el equilibrio entre ambas.
Con el tiempo he entendido que liderar no significa dejar de confiar en las personas, sino entender que la confianza también necesita límites.
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Los principios no se sostienen cuando todo marcha bien; se sostienen cuando cumplirlos exige un sacrificio.
Porque, al final, la coherencia no se demuestra cuando es conveniente. Se demuestra cuando hacer lo correcto también tiene un costo para quien debe tomar la decisión.