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Diario Expreso Ecuador

La majadera del pasillo

...en mi ejercicio profesional he llegado a ver desde perros detenidos en flagrancia, hasta testigos y peritos que se infartan en plena audiencia de juicio

Un abogado rompe con la solemnidad de la Corte Nacional de Justicia al priorizar el temperamento sobre el derecho.

Un abogado rompe con la solemnidad de la Corte Nacional de Justicia al priorizar el temperamento sobre el derecho.Inteligencia Artificial

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Primerito: harán el favor de entender el alcance, sentido y propósito de esta columna, que nunca falta el séquito de ‘lectores de titulares’ que lo tergiversan todo, porque máximo, máximo, se limitan a las tres primeras líneas.

Ahora bien, al meollo. Casi treinta años litigando me han dado la oportunidad de verlo casi todo. Digo casi, porque nunca, jamás, dejan de pasar cosas que me llegan a hacer pensar que el Macondo de García Márquez existe.

Para que se hagan una idea, en mi ejercicio profesional he llegado a ver desde perros detenidos en flagrancia, hasta testigos y peritos que se infartan en plena audiencia de juicio y otras situaciones ‘sui generis’ que siempre dejan anécdotas. Pero lo que vi hace menos de una semana me pareció deleznable.

Partamos de una premisa: en todas las ‘peleas’ –al menos lícitas– hay reglas. Vea usted los combates de la UFC, donde no puede entrar a patearlo allí donde usted quiera al rival, ni tampoco morderle el brazo cuando lo tiene sometido con una llave. En el Derecho pasa lo propio: no puede usted –por más que de verdad en ocasiones podría dar ganas– decirle a su contraparte que si acaso no le enseñaron en la primaria a leer, o que cómo diablos pasó primer semestre. ¿Por qué? Porque hay solemnidades, hay reglas materiales y procesales en la contienda.

La erosión de la reputación del abogado

Ahora, dicho esto, lo que vi el pasado martes me hizo dar cuenta de una razón más por las que la reputación del abogado, de forma genérica, se hunde cada día más. Por gente que quiere convertir una sala de audiencias (¡y de la Corte Nacional de Justicia!) en una plaza donde ‘agarras’ al que le tienes bronca y le sueltas lo primero que se te sale del estómago (no me importa si es o no justificado, o si tienes o no razón).

Hagamos el favor de guardar la compostura y ubiquémonos en dónde estamos. Si es que usted ve al que le tiene bronca por ahí, haga lo que le dé la gana (obvio, ateniéndose a las consecuencias); pero si usted se presenta de una determinada forma (como ‘profesional’) y hace quedar como el forro al gremio con un proceder que mucho deja qué pensar, mejor aguántese y piense que, con el microminuto de fama que tuvo, quizá le terminó saliendo el tiro por la culata.

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