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Diario Expreso Ecuador

El precio de la incoherencia

La memoria de los gobiernos autoritarios y el respeto a las instituciones marcan la diferencia entre una convicción real y un discurso de ocasión

Comparar líderes autoritarios no resuelve la falta de límites al poder frente a la crisis actual.

Comparar líderes autoritarios no resuelve la falta de límites al poder frente a la crisis actual.Archivo Expreso

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La libertad y la democracia no son un disfraz que se usa cuando conviene, son principios que se defienden siempre, incluso cuando hacerlo implica cuestionar a los propios compañeros de ruta. Quien guarda silencio frente al autoritarismo porque comparte una ideología pierde autoridad moral para presentarse, años después, como el gran defensor de las libertades.

Por eso resulta difícil creer el discurso de quienes hoy levantan la bandera de la democracia, después de haber acompañado un proyecto político que normalizó la concentración del poder en Ecuador y respaldó como referentes regionales a los gobiernos de Hugo Chávez, Nicolás Maduro, el régimen cubano y Daniel Ortega. No fueron simples coincidencias diplomáticas, hubo discursos, elogios y una narrativa que presentó ese modelo como ejemplo para América Latina.

El peso de la coherencia frente al pasado político

La historia terminó imponiendo su propio veredicto, Venezuela, Nicaragua y Cuba muestran las consecuencias de debilitar las instituciones, reducir los contrapesos y concentrar el poder. Es legítimo que alguien cambie de opinión, lo que no resulta convincente es intentar borrar el pasado sin una explicación sobre aquellos hechos autoritarios que dejaron una dolorosa y profunda herida en nuestro país. Ecuador vivió años de profundas tensiones entre el poder, la prensa, la oposición y las instituciones. Por eso la memoria importa; los ciudadanos recuerdan quiénes denunciaban esos excesos y quiénes los justificaban o preferían mirar hacia otro lado.

Defender la libertad implica cuestionar todo abuso de poder

La democracia no necesita discursos oportunistas, necesita coherencia. Siempre habrá que cuestionar los abusos del poder, los de ayer, los de hoy y los de mañana. Porque los gobiernos pasan, los líderes cambian y las consignas se renuevan, pero las heridas que deja el autoritarismo permanecen en la memoria de los pueblos. La confianza no se recupera con un nuevo relato, sino con hechos, responsabilidad y respeto permanente por la libertad. Esa es la diferencia entre defender la democracia y simplemente invocarla cuando conviene.

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