Más libros en lugar de bombas
El 23 de abril no es solo el Día del Libro. Es una invitación a cambiar el posible regreso a la Edad de Piedra con que amenaza Trump, por el conocimiento

Regalar un libro implica compartir pensamientos, historias y conocimiento.
Como cada 23 de abril, se celebra en Cataluña una de las tradiciones sociales y culturales más significativas: el día de Sant Jordi. Su origen combina elementos históricos, legendarios y culturales que han ido evolucionando con el tiempo hasta convertirse en una jornada que celebra el amor, la literatura, la reivindicación y la identidad colectiva. La figura de Sant Jordi proviene de una antigua leyenda medieval en la que un caballero armado derrota a un dragón para salvar a una princesa que se encontraba secuestrada. De la sangre del dragón brota una rosa roja que el caballero ofrece a la princesa como símbolo de su amor y de valentía. En el siglo XX se decidió que ese día también era la ocasión de promover la lectura, al coincidir con la fecha del fallecimiento en 1616 de dos de los más grandes exponentes de la literatura universal: Miguel de Cervantes, el 22 de abril, y William Shakespeare, el 3 de mayo, aunque se ha unificado como fecha oficial el 23 de abril, debido a la diferencia de calendarios (gregoriano en España y juliano en Inglaterra) y costumbres de la época.
La unión de ambos símbolos -la rosa y el libro- ha dado lugar a una celebración única en la que las personas intercambian estos regalos como muestra de cariño, aprecio y de conexión intelectual y cultural. Regalar una rosa expresa sentimientos afectivos, mientras que regalar un libro implica compartir pensamientos, historias y conocimiento.
Libros y rosas vs. bombas
En la actualidad, esta festividad se vive como una jornada abierta, participativa y profundamente simbólica. Las calles de las ciudades y pueblos catalanes se llenan de librerías y puestos de flores en los que se convoca a escritores a autografiar sus obras y compartir con los lectores, creando un ambiente festivo que une tradición y modernidad.
Hace poco el presidente Trump expresaba su deseo de llevar a Irán a la Edad de Piedra, sobre eso, sobran los comentarios. ¿No sería mejor un mundo donde en lugar de lanzar bombas y de desear destruir al prójimo se regalaran libros y rosas? Lamentablemente, más allá del deseo, ese mundo no es el que nos ha tocado vivir.