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Diario Expreso Ecuador

El caviar mató a la izquierda

La soberbia, ineptitud y hasta corrupción de la izquierda latinoamericana, y su gusto por la buena vida, están haciendo girar al continente hacia la derecha

La izquierda actual es de caviar. Se ha alejado de sus valores, acostumbrándose a las mieles del poder y dejándose llevar incluso por la corrupción.

La izquierda actual es de caviar. Se ha alejado de sus valores, acostumbrándose a las mieles del poder y dejándose llevar incluso por la corrupción.Canva

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¿Dónde están las legiones de militantes, pensadores, obreros o activistas que suelen nutrir las filas de la izquierda? Han desaparecido. Pero no de pronto, ni sin razón.

Lo primero de que adolece la izquierda que se sumó a la corriente renovadora de inicios de siglo en Latinoamérica (y gobernó a placer) es de autocrítica. Parece solo amar los adulos y por eso no entiende que son sus errores (soberbia, ineptitud y hasta corrupción) los causantes de que el continente esté dando, pospandemia, un sostenido giro a la derecha.

¿No es natural que lo dé? Ya para entonces era imposible defender las dictaduras infames que el castrismo heredó a la región: la Nicaragua de Ortega y la Venezuela del chavismo, y se habían despedido regímenes que empezaron con una gran acogida popular pero no acabaron en volandas: Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Cristina Kirchner en Argentina, la viuda que heredó el mando y las malas mañas de su marido, Néstor. Precisamente allí empezó el desangre: Javier Milei, el bocón que prometía barrer de la faz de su tierra a todos los “zurdos de mierda”, derrotó al delfín de la viuda, Sergio Massa. Y siguieron José Mulino, en Panamá; Luis Abidaner en República Dominicana; Rodrigo Paz en Bolivia; José Kast, en Chile, único país donde el saliente Gabriel Boric hizo una certera autocrítica…

Una izquierda muda o escondida

Casi todo el resto de la izquierda se absuelve sin pudor o endilga las culpas. Que la desinformación, que el ‘law fare’, que blablablá. O desaparecen del mapa, porque no saben qué decir, argumentar, ofrecer. Se acostumbraron por lustros a las mieles del poder y allí se quedaron. Demostraron no ser inmunes a ellas. Y hoy son eso que los franceses llamaron “la izquierda de caviar”.

Mírenlos aquí, en Ecuador: tanto prohombre y tanta promujer, de los que cantaban al Che en mítines palaciegos y escuchaban a Silvio en sus 4x4, hoy guardan el más oprobioso ‘mutis’. Mientras el país se cae a pedazos y un avezado aprendiz va arrasando con todo lo que se le opone, esa izquierda vive escondida. Añorando, quizás, el caviar que supo degustar. O, quizás, degustándolo aún, en silencio. Sin darse cuenta de que es eso lo que la mató.

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