El ministerio sin rumbo
La crisis del sistema de salud en Ecuador trasciende la falta de medicinas: la inestabilidad de ministros e improvisación exigen un plan técnico continuo

Cada cambio de ministro, como ahora con el Dr. Juan Carlos Aveiga, vende la ilusión de que finalmente llegó la persona que encontrará la fórmula para resolver décadas de deterioro institucional.
El sistema de Salud Pública en Ecuador no está en crisis únicamente por falta de medicamentos o por la precariedad de su infraestructura. Esos son los síntomas más visibles de una enfermedad mucho más profunda: la incapacidad del Estado para construir un sistema integral que responda a las necesidades reales de los ciudadanos.
Cada cambio de ministro parece vender la ilusión de que finalmente llegó la persona que encontrará la fórmula para resolver décadas de deterioro institucional. Sin embargo, ningún ministerio puede transformarse cuando sus autoridades apenas alcanzan a conocer la institución antes de ser reemplazadas. Cambiar ministros cada pocos meses no es una estrategia de reforma; es una demostración de que no existe una hoja de ruta.
Más allá de la falta de fármacos y corrupción
El verdadero problema del Ministerio de Salud Pública no es solo presupuestario ni administrativo; es la ausencia de un horizonte. No existe un proyecto de largo plazo que sobreviva a cambios políticos, que establezca prioridades claras y que permita medir resultados. Cada administración empieza desde cero, improvisa soluciones temporales y deja inconcluso lo que la siguiente volverá a reiniciar.
Lo he dicho en varias ocasiones: la recuperación del sistema de salud requiere un diagnóstico técnico e independiente. Hace falta incorporar equipos con experiencia comprobada en gestión sanitaria, capaces de evaluar objetivamente los problemas locales y diseñar un plan de trabajo serio, con metas, indicadores y continuidad. Un plan que no responda a intereses políticos ni a cuotas burocráticas, sino a evidencia y resultados. Un plan, como suelo decirse, ‘libre de tontos’.
Política
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Con frecuencia se utiliza la corrupción como explicación para todo lo que ocurre dentro del ministerio. Y es cierto: la corrupción ha causado un daño enorme. Pero convertirla en la única respuesta también termina funcionando como excusa para justificar la falta de gestión. Combatir la corrupción no reemplaza la obligación de administrar bien. Mientras tanto, los problemas estructurales continúan profundizándose. La ciudadanía no necesita más anuncios, más reemplazos ni más justificaciones, sino certezas, planificación y resultados.