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Diario Expreso Ecuador

 

Ricardo Arques | Estilistas por estadistas

Ya se ven modelos y soportes en mutación. Los políticos estilistas por los estadistas son un primer cambio

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Me pregunto cómo será el mundo del futuro que paradójicamente también es presente, que ya está aquí, que viene mostrándonos sus señas de identidad con cambios que conocemos por sus formas pero aún no por sus efectos. Inquieta saber que la mayoría de jóvenes ecuatorianos de entre 18 y 25 años ha sobrepuesto lo emocional y lo divertido sobre la reflexión en su voto de las últimas elecciones. Inquieta aún más saber que no es un fenómeno local, sino mundial, y que la política, en su faceta de imponerse a cualquier precio, aprovecha la oportunidad para mostrarse ante los electorados empaquetada en lo que mejor rinde y no en lo que más importa. Ya se ven modelos y soportes en mutación. Los políticos estilistas por los estadistas son un primer cambio, es decir, los que priman la imagen y el estilo por los que destacan por su visión de futuro y sus capacidades de gestión. La historia guarda lugar destacado para personajes como Nelson Mandela y Winston Churchill, por citar a dos de los grandes. El primero porque diseñó su política en la evolución integradora y no en la involución revanchista en un país lleno de resentimientos. El segundo por creer que en la política hay que pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones. No parece probable que la historia, que todo lo juzga y registra, vaya a reservar lugar a simples estilistas que no pasarán de bailarines de salón aunque lleguen a los sillones del poder. Es probable que la culpa de este nuevo orden: exposición primordial y mayoritaria por engañosas pantallas de celulares en lugar de los efectivos cara a cara al público sea de las redes sociales, pura dinamita en manos de inescrupulosos. Hay innumerables estadísticas sobre la magnitud de trampas que circulan por ellas y de su dañino efecto en la sociedad, pero no hace falta citar ninguna de ellas. Basta con recordar que en las redes cualquiera puede publicar y manipular lo que quiera, que no están sujetas a legalidad, ni a control ni a verificación; que son el paraíso del todo vale. No sé cómo, pero habría que revisar y poner control urgente a esta peligrosísima amenaza. Someter a devaluación el voto ciudadano no es una opción. Primero porque se perdería la esencia que encarna el sagrado sacramento democrático del poder popular. Y segundo porque este mundo globalizado, donde todo conecta con todo, pagaría muy cara la frivolidad de dejar el futuro en manos de danzarines del ‘marketing’ y de titiriteros de la gestión.

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