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Diario Expreso Ecuador

De Albania a Quevedo

A tiempo actuaron las autoridades, para evitar más daño. No les extrañe ahora que quieran reclamarle al Estado por esa pérdida sufrida por su “ingenua confianza”

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El derrumbe de la pirámide de captación ilegal de dinero en Quevedo nos rememora lo que ocurrió en Albania en 1997. Ciertamente la distancia de violencia entre uno y otro evento es enorme, pero no deja de ser un tema de cuidado. En ese año se desbarató un sistema similar de pirámide de Ponzi, donde más del 50 % de la población albanesa fue estafada. El sistema no era diferente al ocurrido días atrás en Quevedo: las personas entregaban dinero a cambio de la promesa de altas tasas de interés en plazos cortísimos. A los pocos meses se produjo lo que siempre ocurre: los aportantes que alimentaban la entrega de dinero a los anteriores “inversionistas” dejaron de fluir, la liquidez terminó y el castillo se vino abajo. La gente que había entregado sus ahorros, hipotecado sus casas para dar el dinero, y esperaba salir de la pobreza con el sistema, estaba desolada. Los arsenales del ejército fueron asaltados, se produjo una insubordinación de la población y desembocó en una guerra civil. Las consecuencias fueron que el país se destruyó económicamente, se produjeron más de 1.000 muertos y la completa desinstitucionalización.

Más de 20 años después, Albania aún tiene que cargar los rezagos de lo ocurrido. Pero descuide usted, sin duda hoy alguien está promoviendo alguna pirámide de esas, y nuevamente algunos ambiciosos serán estafados.

El caso de Quevedo no es diferente. Tampoco es diferente al caso del notario en Machala, y no lo es en esencia a aquel enorme banco que pagaba tasas altísimas de interés en Ecuador en los años noventa, y tanto en Albania como en el Ecuador de esos años, con la mirada a otro lado de la autoridad de control.

No hay un argumento racional para que alguien pueda pagar el 90 % de interés en una semana, porque no hay actividad económica que permita esa creación de valor. Las personas que pusieron dinero ahí no son tontas ni incautas, son codiciosas y apuntan a no ser los últimos de la pirámide.

A tiempo actuaron las autoridades, para evitar más daño. No les extrañe ahora que quieran reclamarle al Estado por esa pérdida sufrida por su “ingenua confianza”.

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