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Martin Pallares | Pronto seremos cuatro

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Salazar posicionó ideas contra las que difícilmente alguien se atreve a embestir: la maternidad, la mujer, la familia...

Pocas veces se consigue en dos minutos con veintitrés segundos el impacto que generó el video que la fiscal Diana Salazar publicó la noche del jueves. No fue únicamente la noticia de su embarazo lo que convirtió al video una herramienta contundente para neutralizar la ofensiva brutal que ha recibido del correísmo, sino el mensaje y cómo estuvo redactado. Salazar, en ese cortísimo tiempo, posicionó ideas contra las que difícilmente alguien se atreve a embestir: la maternidad, la mujer, la familia...

Para comenzar está el de la maternidad que, quizá, es uno de los conceptos más sacralizados en nuestra cultura judeocristiana y seguramente en casi todas las otras. Una mujer gestante representa la supervivencia de la especie y simboliza la esencia misma de la vida. Las culturas precolombinas idolatraron la imagen, como se ve en las valdivias, y más aún las católicas con la figura de la Virgen María. Embestir a esa figura es imposible y de ahí el horrendo chasco de la impenitente Luisa González cuando se atrevió a poner en duda el anuncio de Diana Salazar, diciendo que todo era un show. Hasta Correa, cuyo odio y sed de venganza con Salazar son de antología, silenció sus trompetas de guerra. Luego está lo de la mujer: desde hace años, la ya casi hegemónica política identitaria ha convertido a ese tema en una causa universal y de ahí el uso y a veces abuso de lo que se llama la violencia política de género. Lo que hizo el correísmo durante la semana que hoy termina en la Asamblea con Salazar, debe ser uno de los casos de violencia política de género más espeluznantes que se recuerde. Tratar de colocarla en público para que caree a un gánster que sostiene haber sido su amante es, sin duda, una agresión a la mujer. También está lo de la familia. El que una mujer como Salazar, que ha soportado el acoso del movimiento político que más se aleja de la imagen de una familia (basta ver al solitario Rafael en sus videos de TikTok), aparezca iluminada como integrante de una entidad familiar, termina por blindar su imagen. El “pronto seremos cuatro” que dijo creó una imagen potente.

El mensaje fue impecablemente concebido y redactado. Al contar que llevaba una relación de tres años con un compañero al que llamó maravilloso, debilitó la perversa versión que querían imponerle a su imagen: la de haber sido amante de un mafioso.