Ernesto Albán Ricaurte | El FBI en el Ecuador
Ni la cooperación internacional, ni el uso de la fuerza corrigen un sistema de justicia que no funciona
En Ecuador no se discute la necesidad de la cooperación internacional en seguridad. El avance del crimen organizado ha superado la capacidad del Estado y se ha instalado la expectativa, razonable, de que el apoyo externo ayudará a contener lo que internamente no se ha logrado controlar.
La presencia del Federal Bureau of Investigation (FBI), formalizada con la apertura de su primera oficina en el país, el 11/03/2026, no es solo un gesto político. Es la consecuencia lógica de un hecho evidente: el narcotráfico que azota a Ecuador es transnacional por definición. No se organiza dentro de un solo Estado. Se financia fuera, mueve recursos a través de sistemas financieros internacionales y articula redes que combinan logística, corrupción y violencia en varios países. Pretender enfrentarlo con herramientas exclusivamente nacionales ignora su naturaleza. Por eso la cooperación es necesaria. Aporta información, tecnología y experiencia en investigaciones complejas que el Estado por sí solo difícilmente puede igualar en eficacia.
Pero hay un límite infranqueable: ni la cooperación internacional, ni el uso de la fuerza corrigen un sistema de justicia que no funciona. Se pueden multiplicar operativos, reforzar a la Policía y a las FF.AA., incorporar capacidades externas de alto nivel. Pero si los casos no se sostienen, si las causas se fragmentan o si las decisiones judiciales no generan confianza, los delincuentes seguirán entrando por una puerta y saliendo por otra. Ahí está el verdadero problema. No en la falta de apoyo, sino en la incapacidad de transformar ese esfuerzo en resultados judiciales. Por eso, cualquier estrategia seria de seguridad pasa por mejorar el sistema de justicia. Y ese proceso empieza necesariamente por depurar el Consejo de la Judicatura, que define la selección, evaluación y disciplina de jueces. Sin un sistema que garantice decisiones consistentes y confiables, toda la cadena de control se rompe. Sin justicia, la cooperación pierde eficacia y la fuerza se desgasta. La seguridad no se define solo en los operativos, sino también en lo que ocurre después de ellos. El problema no es la falta de apoyo externo. El problema es que, sin justicia, ninguna estrategia, por sofisticada que sea, produce resultados.