Solo existe el hoy
Sentir, llorar, sonreír, hablar a la nada, abrazar y dejar que te abracen también es parte de fluir y agradecer
Tania me ha hecho más falta que nunca en estos días. No hay una razón especial para que eso suceda, simplemente hay momentos y situaciones que me llevan a preguntarme qué hubiese hecho ella, qué pensaría, qué escribiría y cómo me cuesta asimilar su ausencia.
Estuve en la playa hace poco y vi un ocaso maravilloso. Cuando se ocultó el sol, el cielo se pintó de violeta, su color preferido. Sentí que nos abrazábamos mientras contemplaba ese cuadro natural. Sabía que disfrutaba los atardeceres y escapar del caos juntas. Le dije a mi novio que la extrañaba y que era real esa sensación de vacío, aunque también he aprendido que está bien sentirse así, está bien transitar esos momentos de tristeza y vulnerabilidad.
Sentir, llorar, sonreír, hablar a la nada, abrazar y dejar que te abracen también es parte de fluir y agradecer. Ya les he contado que la presencia de Tinoco en mi vida ha sido un regalo que jamás podré dejar de valorar. Ha sido un ejemplo en muchos sentidos y una amiga incondicional que me acompañó en las súper buenas, buenas, malas y en las pésimas. Con ella aprendí el verdadero significado de no preocuparme por lo que no puedo controlar.
Y no sé si le pasa a usted pero al menos yo, en las últimas semanas, he tenido esas ganas de mandar todo a la punta de un cuerno. He tenido miedo. A ratos siento que no hay salida, que no podemos hacer nada, que quizás debemos esperar que pase el tiempo… También hay días de frustración, de enojo, y otros de esperanzas efímeras y mucha decepción.
¿Cómo salir cada día a trabajar sin sentir que no tenemos esperanzas como sociedad con tanta indolencia, violencia y desidia?
Es posible que, desde sus espacios, se hagan la misma pregunta.
Hoy, para poder salir de este trance recurro a Tania. Ella me repetiría la frase que está en su lápida. Me diría “solo existe el hoy, mañana nos preocupamos por lo demás”. Así que, aunque a ratos se nos olvide, vivamos creyendo en el poder de estar presente.