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Diario Expreso Ecuador

 

Debate solo sexual

Debatimos solo lo que nos conviene y es por eso que la credibilidad y la institucionalidad se han perdido

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Primero fueron las imágenes que circularon durante el carnaval en Salinas. Meses después, un video sexual grabado en la Aerovía también daba vueltas en las redes sociales y, esta semana, supuestos correos en los que un viceministro, además de aceptar que recibió dinero, exponía su romance con una compañera de trabajo.

En los tres episodios solo nos hemos enfocado en lo ligero. No importa si son reales o trucados, hablamos de lo que nos ‘espanta’ y no de lo que verdaderamente está mal.

Tema uno: el desenfreno en carnaval. La exposición de una mujer completamente ebria que quizás no podía consentir ni el sexo ni la grabación, la circulación del video, la decisión de las autoridades (de sacar al gobernador) y obviamente decir que “ella se dejó grabar”, dejando de lado lo grave del tema. La no intervención de nadie más que para juzgar. De lo que hizo el hombre nadie se acuerda. De lo que hizo la mujer, todos.

Tema dos: el video de la Aerovía. Todos debatiendo sobre la moralidad de dos personas que tienen relaciones sexuales en un transporte público (claro, más la de ella que la de él), cuando lo grave es que ese tipo de videos sean difundidos por trabajadores del mismo lugar.

Y esta semana, los correos (falsos o no) de un alto funcionario. Todos hablando de los detalles sexuales, nadie comentando lo que realmente debería espantarnos. El probable cometimiento de un delito, el recibir plata porque los sueldos públicos son “paupérrimos”.

Los debates en Ecuador siguen quedando en la superficie. Nadie tiene ganas de ahondar, de investigar, de generar conversaciones con lo que debería preocuparnos como sociedad.

Por eso también se entiende que estos correos y videos lleguen a convertirse en noticia, que lo que mueve las redes sea considerado como la única verdad, sin tomarse un mínimo minuto para confirmar.

Debatimos solo lo que nos conviene y es por eso que la credibilidad y la institucionalidad se han perdido.

La discusión fugaz de lo moral (siempre podemos actuar como jueces) termina siendo más importante que reflexionar sobre el país que le estamos dejando a nuestros hijos.

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