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Diario Expreso Ecuador

Todos vivimos nuestra Odisea

Al ver la nueva versión de Christopher Nolan notarán que están viendo el espejo de sus propias vidas, pues todos vivimos nuestra Odisea y navegamos hacia Ítaca

El verdadero protagonista de La Odisea nunca fue el guerrero que conquistó Troya, sino el hombre que debía hacerse digno del hogar al que soñaba volver.

El verdadero protagonista de La Odisea nunca fue el guerrero que conquistó Troya, sino el hombre que debía hacerse digno del hogar al que soñaba volver.Archivo Expreso

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Konstantinos Kavafis fue uno de los poetas griegos más importantes del siglo XX. En su poema Ítaca -una de sus obras más famosas- escribiría: “Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca, pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias”. Ítaca dejaría de ser una isla griega para convertirse en aquello que da sentido a nuestra existencia. Quizás por ello, mientras el mundo espera el estreno de La Odisea de Christopher Nolan, muchos notarán que Homero nunca escribiría simplemente la aventura de un héroe. Escribiría la aventura de todos los hombres.

Solemos pensar que La Odisea comienza con la caída de Troya. En realidad, comienza después de la victoria. Homero dedicaría unas pocas páginas al ardid del famoso caballo que resultara en la conquista, pero casi toda su epopeya a su viaje de regreso. Como si quisiera advertirnos que alcanzar una meta puede exigir inteligencia, pero regresar sin perderse uno mismo exige sabiduría. Porque el verdadero protagonista nunca fue el guerrero que conquistó Troya, sino el hombre que debía hacerse digno del hogar al que soñaba volver.

Todos vivimos nuestra Odisea aunque no siempre naveguemos entre monstruos, cíclopes o hechiceras. A veces la travesía consiste en sostener un matrimonio, formar hijos de bien o en superar enfermedades y tragedias. Consiste en hacer país, construir una empresa, soportar el peso del éxito y recuperarse de los golpes de los fracasos sin nunca olvidar nuestra esencia. Porque ninguna vida camina en línea recta y todas, absolutamente todas, conocen tempestades.

La epopeya clásica vista como el espejo de la existencia

Todos conocemos nuestras sirenas y sabemos que ya no cantan desde los arrecifes del Mediterráneo. Hoy prometen dinero sin esfuerzo, poder sin límites, reconocimiento inmediato, o la tentación de sacrificar principios. Cambian las melodías, pero el riesgo de perder el rumbo permanece intacto. Antes de acercarse a las sirenas, Ulises pide ser atado al mástil de su nave. Comprende que la libertad no consiste en obedecer cada tentación, sino en conservar el autocontrol cuando el deseo intenta gobernarnos. No todas las cadenas esclavizan. Existen aquellas que aceptamos libremente para impedir que nuestras pasiones y debilidades terminen encadenándonos. Algunos las llaman disciplina.

La vida tampoco nos concede elegir los vientos. Habrá tormentas inesperadas y puertos donde jamás pensábamos detenernos. Sin embargo, siempre podremos izar las velas y conservar el rumbo hacia aquello que da sentido a nuestra travesía. Porque Ítaca nunca fue únicamente un destino. Ítaca son nuestros principios, nuestra familia, nuestra libertad y la persona que aspiramos ser. Sin una Ítaca no hay un rumbo, y sin un rumbo -como diría Séneca- no hay viento favorable. Y con un rumbo, hasta la tormenta encuentra un propósito. Tres mil años después, Kavafis puso en verso lo que Homero había escondido en una epopeya: Ítaca no existe para ser un destino; existe para que el viaje nos transforme en la persona capaz de llegar a ella.

Millones de personas acudirán al cine a ver esta nueva versión de Nolan. Quizás muchos pensarán que asisten a divertirse y observar un nuevo matiz de una antigua leyenda. Sin embargo, otros notarán que estarán viendo el espejo de sus propias vidas. Porque todos vivimos nuestra Odisea y todos navegamos, cada día, hacia nuestra Ítaca.

¡Que el camino sea largo y bueno!

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