Viviendo una vida temerosa
Vivimos encerrados en nuestros hogares por tanta inseguridad, por tanta violencia criminal. El miedo se ha apoderado de todos los ciudadanos honestos.
Bala que escuchamos, “patitas pa’ qué te tengo”.
Semáforo en que nos detenemos y giramos 360 grados, como Chucky; los latidos del corazón palpitando, listo para un infarto de nerviosismo.
Degustar un rico menú, una cena, o un simple café, mejor tomarlo tibio, porque la lengua sería víctima de quemazón por el apuro de beberlo.
La Asamblea ya debería dar paso a las nuevas leyes a favor de todos los ecuatorianos, tantos letrados que no puedan dictar y firmar el decreto de urgencia para así poder entrar con las llaves en las manos a nuestros hogares sin susto de tantos sicariatos y asaltos por doquier.
Personas con casco entrando a un lugar: nervios se apoderan de nosotros.
Somos víctimas de tantas balas perdidas, con daños colaterales.
Hay tantos muertos a diario que ya no caben en el cementerio. Lápidas inscritas, otro más a la cuenta.
Javier Valarezo Serrano