Violencia imparable
Estoy convencido de que el pueblo honesto salva al pueblo que quiere paz, trabajo y salud.
La noche del jueves 13 de abril, a las 20:00, mis dos hijos fueron asaltados cuando se parqueaban frente a mi casa. Es la tercera vez que se roban un carro, piezas de vehículos y celulares en el mismo sector. He hecho las denuncias en la policía, han salido en diarios de la localidad y jamás se han recuperado las pertenencias. En mi propiedad he instalado cuatro cámaras, foco de alto voltaje y las casas aledañas tienen cercos eléctricos; sin embargo, la audacia del ladrón vulnera e irrespeta a las autoridades de control. En la ciudadela, en el PAI no hay policías.
Señor presidente del Ecuador, vivimos acechados por el odio, inseguridad y narcotráfico. Ya no se respeta la vida, que es un don supremo. Se mata, se descuartiza. Ciertas autoridades hacen y deshacen de las leyes. Hasta cuándo soportamos la inseguridad lacerante. Estos asquerosos ladrones usan armas sofisticadas; el pueblo indefenso sufre las consecuencias de este desorden constituido.
No incito a la violencia, pero debo señalar que el ladrón drogado, que no se preparó con el estudio, cuando lo coge preso un policía honesto, llora como un cobarde y lo primero que dice es: “yo no fui”. El ladrón sabe que al ir preso, un juez o un policía corrupto lo va a dejar en libertad para seguir robando y matando. El ladrón sabe que el pueblo honesto armado, previo permiso para portar armas, es el único que va a acabar con esta lacra de mediocres asquerosos ladrones. Yo no temo a la muerte, pero sí temo por la vida de mi familia. Estoy convencido de que el pueblo honesto salva al pueblo que quiere paz, trabajo y salud.
Carlos Villao Orozco