La última campanada
Hoy compañeros y amigos pintamos canas, arrugas, calvicies
No solo sonaba para entrar a clases, también para salir de ellas. No sé cuál de las dos me hacía temblar más, la de alegría o la de pesar. Seguro que con la campanada de entrada era triste y con la otra feliz. ¡Quién diría que al cabo de 50 años la cosa cambiaría! ¡Cuánto daría por volver a sentir esas emociones, pero al revés! Lejos quedaron las aulas de la dulce infancia y juventud. No me conformo con la rapidez que pasó. Hoy compañeros y amigos pintamos canas, arrugas, calvicies. Otros ya no están, migraron a donde solo replican campanas de gloria eterna. Como en un abrir y cerrar de ojos, como un rayo, el “sin par” San José cerrará sus puertas para siempre. Nos veremos allá, donde solo nos quedan “los fulgores del sol”.
Roberto Montalván Morla