Románticas y veraniegas

Mi ciudad se vuelve Celestina y cómplice de los amores furtivos veraniegos. El descuido de una relación pueden enfriar el amor, por eso hay que mantener la llama. Dar un paseo nocturno en el malecón del manso Guayas, deleitarse con sus paisajes y sus variedades gastronómicas; un paseo fluvial en compañía de su pareja, amigo o amante. La playa también es un lugar cómplice en estas épocas de frío. Recordar es vivir y vivir es recordar. Disfrutemos este frío, con un café muy caliente, una tertulia con tópicos delincuenciales, que está de moda, para así retirarnos temprano antes que nos atraquen. No espere a que el frío pase para luego sentirse caliente por no disfrutarlo.

Javier Valarezo Serrano