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Diario Expreso Ecuador

Entre rejas...

Los resultados eran previsibles y están dados, por lo que no hay reclamo y cualquier pataleo resultará infructuoso

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No se precisa haber estudiado ramas del comportamiento psicosocial, como tampoco haberse inmiscuido en ciencias ocultas de la adivinación para intuir aquello que puede ocurrir en la difícil democracia de un pueblo ingenuo, históricamente no preparado para gobernarse, pues en él prima lo emocional sobre el razonamiento y lo inmediato sobre atisbar el futuro.

Los resultados eran previsibles y están dados, por lo que no hay reclamo y cualquier pataleo resultará infructuoso. Sugerimos a quienes recibieron un mal bocado, digerirlo, y procurar nuevas estrategias; mientras que aquellos que resultaron elegidos debieran hacerlo minimizando el chuchaqui, revisando las ofertas y actuando con honradez, ya que para los electores es más difícil voltear una tortilla de huevos que cambiar de parecer en las próximas elecciones.

Eso es muy sencillo pues no hay ideología ni criterios definidos.

De vuelta al ofrecimiento del título de esta entrega, que bien puede estar dirigida al novel burgomaestre de la urbe de quitar las rejas que protegen un sector turístico de la ciudad, se deberá pensar: ¿por qué la torre Eiffel o la pirámide de Keops fueron encerradas? ¿Cuáles fueron los motivos de enrejar varios sectores públicos de Guayaquil? Seguramente no estuvo dirigido a impedir que los comerciantes informales hicieran su uso para las ventas; más bien, con demasiada facilidad -basados en la demagogia de algún político- se convirtieron en dormitorios de personas que deambulaban sin hogar, en sitios de consumo de estupefacientes e insoportables letrinas no visitables a riesgo de sufrir un atraco.

Quitar rejas será una labor titánica de poca utilidad pues habrá que retirar, entre otras, las de la plaza del Centenario, parque de La Victoria, las del Centro Cívico y muchas más. Sin contar los enrejados de muchas ciudadelas que sirven de estacionamiento gratuito a sus moradores e impiden el acceso a los informales.

La inseguridad, que no sabe de asuntos de política, llevó a una situación muy extraña: en épocas pasadas a quienes delinquían se los colocaba entre rejas. Hoy para asegurarse contra la delincuencia y visitas indeseadas colocan sus propios enrejados.

Ricardo López González

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