Un canto a la niñez
Una reflexión poética profunda sobre la memoria, la infancia y la esperanza como refugio frente al dolor y la fragilidad humana.

El texto evoca la niñez y la figura materna como símbolos de consuelo y guía interior.
Elevadas se encuentran mis memorias en los espejos del pasado; quietud y misericordia en los cielos van disipando mis pesares. Han tronado los caminos de la miel y la han vuelto sangre. Y mi pecho libre va, va soltando con asombro cada instante, ese que da paso al brillo de un atardecer y la calidez de mi madre.
La memoria y la infancia como refugio emocional
Trazando van mis manos hacia un obrar con ilusión, manteniéndolas limpias con perfumes de Verdad y acciones que prometen ligereza al navegar sus mares. Galopando van mis pasos con firmeza y la fuerza de los ángeles. Estos me acompañan, floreciendo los caminos que el suelo preparó y alimentando mis curiosidades.
Mientras mil docenas de espadas escudan el veneno ponzoñoso del espíritu, que ha trazado vetas de dolor y vulnerado las fragilidades.
Esperanza y luz frente al dolor humano
¡Qué suerte la mía! Esta niñez me abraza con sus sábanas dulces, la matriz del alba.
Y mi corazón, mi corazón, se torna el cáliz que da dirección a un mundo que lentamente se apaga.
Frances Swett