Hoy, solemnidad de la Inmaculada Concepción
“Haz Jesús que me parezca a tu bendita Madre” pudiera ser la jaculatoria de toda joven y de toda mujer que desee vivir en santidad en medio del mundo
¡Qué hermoso es ser madre! Para formar un hijo como Jesús, la Virgen María tuvo que ser una madre fuera de serie, pues es en el hogar donde se aprenden las cosas más importantes de la vida, y Jesús indudablemente recibió de su madre todo eso.
Dios buscó a una mujer valiente, sencilla, joven y muy piadosa para colaborar en su obra redentora. El sí de María fue un compromiso que mantuvo a pesar de los vientos y tempestades que se le presentaron en su vida.
Con su decisión y su obediencia, la Virgen María ofreció a la humanidad la Palabra de Dios hecha carne y luego nos enseñó a amarle y a seguir a Jesús en palabra y en obra, pues fue concebido en su vientre por obra y gracia del Espíritu Santo.
Es Madre de la segunda persona de la Santísima Trinidad, por consiguiente ella es Madre de Dios, “el título más grande que en este mundo puede tener una persona de carne y hueso”.
“Haz Jesús que me parezca a tu bendita Madre” pudiera ser la jaculatoria de toda joven y de toda mujer que desee vivir en santidad en medio del mundo.
Martha Reclat de Ortiz