¿Hasta cuándo, Guayaquil y su suerte?
En los últimos años Guayaquil es víctima en los más diferentes aspectos, en especial la inseguridad. Una especie de mala suerte nos corroe pues donde antes se hacían grandes obras, servicios públicos con claridad y honestidad de procedimientos, hoy hay dudas, politiquería y descuido total de los intereses de la ciudad. Algo ha ocurrido en el espíritu guayaquileño: una mezcla de temor y falta de respeto al lugar donde desarrollan sus actividades o donde nacieron, pues por cada guayaquileño de origen hay centenares nacidos en otros lares; parece que esto se traduce en una omisión constante de obligaciones que antes sentíamos y proclamábamos con satisfacción y orgullo. Triste realidad del momento: falta de obras y servicios públicos de calidad. Y la intencional pérdida de oportunidad de darle la construcción del quinto puente. Su ello hubiese sido una verdadera redención al mejorar su actual tránsito vehicular desastroso. La urbe con mayor densidad de población y la que más produce, tiene la mala suerte de que la que sigue en importancia económica y demográfica es nuestra capital, que por ello ha sido beneficiada tradicionalmente como la más merecedora de la inversión de recursos del Estado. Guayaquil necesita mucho más que un viaducto sur. Es hora de que el gobierno desoiga voces políticas o motivadas en aspectos ajenos a los intereses de la ciudad; que la obra se haga. ¿Es que Guayaquil ha dejado de pertenecer a Ecuador, seguiremos con el cuento del gallo pelón?
Ec. Mario Vargas Ochoa