educación
Colegios en Quito: padres buscan cupos a contrarreloj antes del nuevo año lectivo
Padres eligen tomando en cuenta la ubicación del plantel, la oferta de idiomas, el nivel de inclusión y la seguridad; instituciones abren sus puertas

En la Escuela Franklin Roosevelt, en la calle Buenos Aires, en Quito, maestra hace ejercicios de gimnasia cerebral con estudiantes de 12 años.
En los últimos días de junio del 2026 terminará el ciclo escolar en Quito y en todo el régimen Sierra-Amazonía. A contrarreloj, madres y padres de familias aún recorren colegios en busca de la mejor opción para sus hijos. Los ‘open days’ durante los fines de semana y las citas con los departamentos de admisiones son comunes, de cara al próximo año lectivo, que empezará en septiembre.
Nancy Valles y Jonathan Yanchaguano viven en el sector de La Mena del Hierro. El martes 9 de junio visitaron la sede de Cotocollao del Colegio Innova Schools, una red educativa de origen peruano que llegó a Ecuador hace dos años y medio y que hoy cuenta con seis sedes en la capital y una en Guayaquil, además de tener presencia en México y Colombia.
“Estamos indecisos”, admite la pareja. Han visitado ya tres o cuatro planteles. “Es la primera vez. Buscamos un lugar donde cuiden y enseñen bien a nuestra hija Mía, de tres años y seis meses”, explica el padre.
En una ciudad con más de 800 instituciones particulares, la oferta es amplía. Las pensiones mensuales van de menos de $100 hasta más de $2.000. Pero eso vuelve más complejo el proceso de elección.
Se trata de una decisión vital, que implica sopesar expectativas académicas, de cuidado y seguridad; la ubicación y las necesidades específicas de inclusión.
Lo que dice una psicóloga sobre la elección de colegio
La psicóloga y directora de la escuela Franklin Roosevelt, Marcela Vilamar, señala que al elegir un plantel, los padres deberían priorizar un entorno que favorezca el bienestar integral de sus hijos. “Debe ser un espacio en donde puedan ser felices, desarrollarse y proyectarse”.
El plantel, sugiere, no solo debe garantizar seguridad, sino también promover el desarrollo de competencias y habilidades más allá del conocimiento académico.
Esto incluye fortalecer destrezas blandas, la capacidad de resolver problemas cotidianos, la gestión emocional y la empatía.
Villamar subraya que una educación de calidad debe ser inclusiva y formar personas íntegras, capaces de adaptarse a distintos escenarios, tomar decisiones y avanzar con alternativas (con un plan A, B o C) frente a los desafíos de la vida.
Marco y su esposa dieron con el Seneca al buscar un colegio para su hijo Gabriel (nombres protegidos, a pedido de la familia), quien empezará el primero de bachillerato. Tiene un porcentaje de discapacidad auditiva y les recomendaron el plantel porque es inclusivo y en cada aula hay pocos estudiantes (unos 15).
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Los espacios verdes, así como la posibilidad de que su hijo pase un día con quienes serán sus compañeros en septiembre, hizo que se decidieran. “Mi hijo está feliz”.
El interés por la enseñanza de idiomas
A ese conjunto de criterios se suma otro interés de algunas familias: que sus hijos aprendan más de un idioma, no solo inglés. En esa línea, Tanya Fuchs, directora del Naledsyel Schule, explica que su proyecto está pensado para quienes buscan “más puertas y oportunidades” para sus hijos.
“El alemán representa una gran ventaja académica, profesional y cultural”, anota. Explica que aprender un tercer idioma estimula los hemisferios cerebrales y las sinapsis, y que muchos padres valoran la posibilidad de acceder a certificados oficiales y a intercambios culturales.
“Piensan seguir sus estudios en Alemania, dada la apertura del Gobierno. El primer paso es tener el idioma”.
Las aulas son de 12 estudiantes, un paralelo por grado. “Las familias valoran un ambiente amigable, sano, pequeño y seguro”, sostiene.
Entre otros temas, los padres preguntan sobre el acompañamiento emocional, manejo del bullying, dinámica dentro del aula, tamaño de los grupos y enseñanza de idiomas.
A los padres también les preocupa la seguridad. El centro, como otros, cuenta con circuito cerrado de cámaras. Y piden especificar cómo se apoya a estudiantes con distintos ritmos de aprendizaje.
Otra duda frecuente es si los hijos podrán adaptarse al alemán o si la exigencia académica será demasiado alta. “Pero lo que más inquieta es saber si su hijo va a ser feliz”.
Lo que dicen los padres de familia

Viviana Bonilla inscribió a su hijo Evan, de 9 años, en el Innova Schools de Cotocollao, para el ciclo lectivo 2026-2027.
Malu Camacho, madre de familia de ese plantel, coincide en que se trata de una elección compleja porque incide en el desarrollo de los hijos.
Ella se decidió por ese plantel por la ubicación (para ahorrarse 40 minutos en traslados), la metodología, la posibilidad de que sean trilingües, que se use el ajedrez para que aprendan a ser pacientes, estrategas y a ver más allá, así como el número de alumnos por aula y el manejo de las emociones con apoyo de psicólogos a nivel familiar.
Viviana Bonilla buscó un nuevo espacio para Evan Amores, de 9 años, quien pasará a sexto de básica. “Me agrada la metodología (de Innova Schools): es dinámica, respetan el ritmo de cada niño y dicen que los forman para ser críticos y seguros. A mi hijo le gustó”.
El plantel le queda a ocho minutos en bus o a 20 caminando. Anota que buscaban un cambio desde las vacaciones del año lectivo anterior.
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Marcelo Suárez, gerente comercial de Innova Schools, explica que en Quito el proceso de admisiones se extiende hasta septiembre, cuando inicia el siguiente año escolar.
Entre junio y agosto se inscriben entre el 20 % y el 25 % de los alumnos y que en este periodo varios colegios intensifican su pauta digital, comenta. “Muchos padres toman la decisión en los últimos meses de clases. Buscan contrastar lo que ven en la publicidad con visitas y varias preguntas”.
Cifras sobre planteles en la capital
En la urbe hay 572.472 estudiantes en escuelas y colegios y 1.447 planteles. De ellos, 875 son particulares, 52 fiscomisionales, 35 municipales y 485 fiscales.