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Diario Expreso Ecuador

Elecciones seccionales 2026: el desorden político y la urgencia de una reforma electoral en Ecuador

El proceso para las seccionales evidencia la fragilidad de los partidos políticos, el reparto de avales y las dudas sobre el financiamiento de campañas

Un ciudadano deposita su voto en una urna durante una jornada electoral.

Un ciudadano deposita su voto en una urna durante una jornada electoral.Imagen generada con CHATGPT

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Este 17 de agosto concluyó el plazo para la inscripción de candidaturas para la elección de autoridades seccionales del 29 de noviembre del presente año. En realidad, no encuentro otra palabra que ‘desorden’ para describir lo que estamos viendo en este anticipado y extraño proceso electoral, que ha puesto en evidencia muchas de las fallas de nuestro sistema político-electoral. Todas estas situaciones se presentan desde el momento en que dejamos de tener partidos políticos programáticos e ideológicos y los reemplazamos por simples maquinarias electorales que no representan a nadie ni a nada.

Actualmente, nos hemos llenado de logos y siglas sin ningún contenido ideológico o programático. Por esta razón se reparten avales a diestra y siniestra y los candidatos, sin ningún rubor, pasan de una bandera política a otra. Así, hemos visto organizaciones políticas que apoyan candidaturas que no tienen nada que ver con sus principios ideológicos ni con la razón de ser de su existencia. 

A muchos candidatos no se les conoce militancia ni causa alguna y, por esa razón, son capaces de recibir avales de organizaciones de orillas políticas totalmente distintas. Este momento preelectoral también deja un vacío sobre la financiación. Hoy vemos aparecer candidatos que prácticamente no existen en las encuestas, pero que ya se preparan para la contienda electoral. ¿De dónde sale el dinero que gastarán en sus campañas?

La necesidad de una reforma electoral

También ha quedado en evidencia que al Ecuador le urge una verdadera democracia electoral y la inconveniencia de tener un organismo como el Consejo Nacional Electoral, encargado de organizar y resolver controversias de origen eminentemente político, cuando sabemos que sus integrantes tienen sesgos políticos o representan a algún partido. Todo esto es posible por la forma como está conformado este organismo.

Ojalá, en el transcurrir del tiempo, el Gobierno o la Asamblea Nacional presenten al país un proyecto de reforma política real, para que dejemos de seguir viviendo de ficciones. Una efectiva reforma política que permita la existencia de verdaderos partidos políticos y una democracia electoral real, no basada en demagogias.

¡No debemos olvidar que un país sin memoria tropieza siempre con las mismas piedras!

Mario Vargas Ochoa

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