EE. UU., Israel e Irán: una guerra marcada por los estrechos y el poder naval
El estrecho de Ormuz se convierte en un punto clave del conflicto entre Irán, EE. UU. e Israel y sus efectos sobre la economía global

El estrecho de Ormuz es una de las principales rutas para el transporte mundial de petróleo y un punto estratégico del conflicto con Irán.
Dentro de las guerras pérsicas o iraníes, un nuevo asalto sitúa a EE. UU. e Israel frente a Irán en una dinámica de ataques y treguas. Tampoco el nombre del conflicto se aclara: tercera guerra del Golfo o guerra del Ramadán son candidatos. Casi merece llamarse la guerra de los ayunos intermitentes.
Es una contienda entrecortada en sus ingredientes y resultados: no hay tranquilizadora exactitud sobre la victoria. Las guerras no se asemejan al deporte; sus causas y desarrollo se vuelven inasibles al desbordar fronteras. Los imperios empatan la mayoría de las guerras que emprenden.
Los bombardeos estadounidenses e israelíes afectaron gravemente la estructura militar persa y al régimen, matando a Alí Jamenei. Irán respondió como leopardo acorralado atacando a sus vecinos árabes, proyectando una peligrosa imagen en el Golfo. Ante estas divergencias, Emiratos Árabes Unidos deja la OPEP, acercándose a Washington. Irán contestó al estrangulamiento ahorcando el estrecho de Ormuz, proyectando poder al impactar la economía global.
EE. UU. busca bloquear las rutas estratégicas de Irán
EE. UU. se enrosca en su enemigo iraní, mientras este se repliega sobre sí mismo y rodea su zona de influencia. Su defensa mosaico descentralizada busca evitar el colapso. La respuesta de EE. UU. es el bloqueo del bloqueo: con lanchas, minas o drones se puede perjudicar el flujo en los ‘chokepoints’.
Los hutíes complican la situación hostigando Bab el-Mandeb. Solo una talasocracia rodea desde mar abierto sin atorarse. Washington logra además anular el contrato de una empresa china en dos puertos del canal de Panamá.
China -afectada en Ormuz y Panamá, y con tensiones en Taiwán- entiende el peligro de no controlar esas rutas. Su dilema persiste en el estrecho de Malaca, vía vital para sus importaciones de petróleo y exportaciones.
El temor a un bloqueo naval no se calma con el puerto pakistaní de Gwadar. La talasopolítica desnuda la impotencia cuando las potencias se embarran en tierra o en alta mar. EE. UU. se empantana con la confusión de sus metas frente a la fiera persa aferrada a Ormuz, sabiendo que la amplitud del poder se mide en los estrechos.
Augusto Manzanal C.