Ecuador anclado en la lucha por el poder
En todo el país, a gritos se escucha: ¡basta ya!
La distancia que desde hace años separa a los ciudadanos con la clase política internacional es cada vez más amplia y se extiende por la desconfianza de unos y el desconocimiento de otros. La clase política ecuatoriana, con poquísimas excepciones, ha perdido la capacidad de escuchar, ha renunciado a ver la realidad de la gente y construido mundos virtuales donde solo existen sus luchas por el poder, sin leyes, ética ni moral, sin responsabilidades ni compromisos. La Asamblea, cuya función es elaborar leyes y normas que garanticen el cumplimiento de la Constitución, representar los intereses de todos los ecuatorianos y vigilar la transparencia de la administración del Estado, se ha convertido en una institución anodina y deslucida, sin más independencia que de la voluntad de líderes y caudillos políticos, siempre inmersa en actos ilícitos, donde deberían estar los hombres y mujeres más capaces y probos; remplazó el debate de ideas, propuestas y argumentos por insultos, descalificaciones y componendas. La verdadera unidad de los ecuatorianos está en riesgo nuevamente, como en la pasada década, por la irresponsabilidad de quienes entienden la política desde la mezquina estrategia de la confrontación, la conjura de los que dividen para reinar o creen en una lucha fratricida entre compatriotas como única forma de destrabar diferencias y conflictos por mantener o conseguir el poder. Ecuador no merece tener esta clase política. En todo el país, a gritos se escucha: ¡basta ya!
Ec. Mario Vargas Ochoa