Cuando los títulos honoríficos responden a intereses coyunturales
El posible honoris causa a Noboa reabre el debate sobre mérito académico y uso político de reconocimientos universitarios.

El reglamento del CES establece que estos títulos deben otorgarse por aportes excepcionales a la sociedad.
La decisión de la Universidad de las Fuerzas Armadas (ESPE) de analizar la posible entrega de un doctorado ‘honoris causa’ al presidente Daniel Noboa ha reabierto un debate necesario: ¿este reconocimiento mantiene su valor académico o se ha convertido en una herramienta de conveniencia política? El reglamento del Consejo de Educación Superior (CES) establece que esta distinción debe otorgarse únicamente a personas con méritos excepcionales y aportes extraordinarios a la ciencia, cultura, arte o bienestar de la humanidad. Su propósito es reconocer trayectorias con impacto trascendental en la sociedad.
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Frecuencia de distinciones debilita su valor académico
Otorgarlo a un presidente en funciones por acciones relacionadas con la seguridad pública genera cuestionamientos legítimos. Cumplir las obligaciones del cargo no equivale a construir un legado histórico o humanitario digno de tan alta distinción. De aprobarse, sería el tercero recibido por Noboa en poco tiempo, tras los otorgados por Uniandes y UPSE. La frecuencia con que se conceden estos reconocimientos debilita su significado y los acerca más a estrategias de imagen que a homenajes al mérito excepcional.
Las universidades deben mantenerse como espacios de pensamiento crítico, autonomía y rigor intelectual, no como escenarios para fortalecer la imagen del poder de turno. Cuando los títulos honoríficos responden a intereses coyunturales, corren el riesgo de convertirse en instrumentos de conveniencia institucional.
Roberto Camana-Fiallos