Crisis de la democracia en Ecuador: el desafío de recuperar la confianza ciudadana
El deterioro de confianza en las instituciones y la distancia entre la política y la ciudadanía plantean la necesidad de reformas que fortalezcan la democracia

Ciudadanos marchan en busca de una democracia que garantice la libertad y la dignidad frente al desgaste de las instituciones y la brecha de privilegios en el poder político.
Sí, continuar por un camino de desgaste y decadencia progresiva, donde la distancia entre el sistema político y la sociedad se profundiza, o intentar, con todas las dificultades que ello implica, corregir el rumbo.
No existen garantías de éxito. Ningún proceso de transformación profunda las tiene.
¡Es tiempo de decir ya basta! Es tiempo de que los ecuatorianos despertemos de esta larga noche, de esta inercia, para cambiar esta realidad deprimente.
Privilegios y distancia con la ciudadanía
La democracia no es un fin en sí mismo. Es un instrumento. Su legitimidad solo proviene de cuánto respeta, garantiza y protege la libertad y la dignidad de sus ciudadanos. Si no cumple esa función, no sirve para nada.
Durante mucho tiempo, una parte importante de nuestra sociedad ha tenido la sensación de estar atrapada en un sistema injusto y desigual, donde existen ciudadanos de primera -políticos y grupos de poder- y ciudadanos de segunda: el resto de la sociedad.
Política
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Los primeros, financiados por los segundos, se autorregulan sus fueros, inmunidades, privilegios, viajes, salarios y toda clase de beneficios que los demás ni siquiera sueñan.
Un esquema de estas democracias que hoy se vienen imponiendo es inaceptable, porque el Estado y la ley se transforman en instrumentos del poder para concretar intereses personales.
Son democracias donde ya no existe una verdadera igualdad ante la ley ni una auténtica separación de poderes, y donde, poco a poco, se consolida una fractura silenciosa entre quienes deciden y quienes viven las consecuencias de esas decisiones.
El sistema en que vivimos ha resentido la confianza en las instituciones, que han dejado de servir al pueblo para ser utilizadas por hombres y mujeres que buscan imponer sus programas partidarios y ampliar su poder.
Los ecuatorianos enfrentamos un poder que no oprime de manera abierta, sino que se expande gradualmente bajo la apariencia de protección y bienestar, mientras los ciudadanos se acostumbran, poco a poco, a depender de él.
Mario Vargas Ochoa