Vacío de otros tiempos
Para diseñar el futuro se necesita la verdad: el cerebro reconstruye el pasado, pero la historia exige honestidad y aprendizaje para no repetir errores

Cada vez que un estímulo activa un recuerdo, reactivamos una red de impulsos en el cerebro para crear un nuevo producto.
El cerebro no es una caja fuerte en donde se acumulan cosas de manera íntegra, sino algo más parecido a un gran mapa que permite tomar distintos caminos. Lo que percibimos del exterior, por cualquier sentido, se fracciona, transforma en impulsos eléctricos y cada pieza se deposita después en diferentes células y regiones. La mayor parte se ignora, otra se descarta y sólo una parte persiste en el tiempo, en un intrincado ensamblaje neuronal que prioriza cierta información, alargando nervios para que ‘conversen’ de manera distinta.
Así se crean los recuerdos y, cada vez que un estímulo los activa, reactivamos esa red de impulsos para crear un nuevo producto. Es decir, no se nos proyecta una película previamente grabada, sino que generamos todo desde cero; por eso, lo que vemos es realmente el recuerdo del recuerdo. Como una copia de papel carbón, a la que cada vez añadimos nuevos detalles para completar los pedazos faltantes. De este modo, el pasado se va deformando y moldeando; o, una obra de arcilla que nunca se concluye, mejorándola continuamente, a conveniencia de cada uno.
Buenavida
La música transforma el cerebro: tres formas sencillas de aprovechar su poder cada día
María Verónica Vernaza Guerrero
Un recuerdo es la reconstrucción del recuerdo original
Cuando regresamos a ver, encontramos un remedo de lo que fue la historia, pero con un realismo y convicción absolutos para quien lo mira. Casi siempre, dejando de lado lo incómodo, minimizando problemas y situándonos en una mejor posición de la que merecemos. Ese tiempo que desaparece se idealiza, pese al sufrimiento inherente de la vida, y se convierte en estándar inalcanzable del presente y futuro. “No hay nostalgia peor que añorar lo que jamás sucedió”, cantó Sabina. El pasado, para las personas y los pueblos que no guardan el testimonio con el celo que se requiere, se vuelve una condena, porque se esconden las enseñanzas que nacen de los errores y en su lugar florecen las excusas y culpas ajenas.
Sociedad
Dejar de fumar no depende solo de la voluntad: así cambia el cerebro con la nicotina
Gabriel Cornejo
Repetir patrones destructivos es el castigo cuando irrespetamos la honestidad del relato. Fracaso tras fracaso, no por eventos sucedidos hace quinientos años, no por culpa del imperialismo, no por el tamaño del territorio, sino por una decisión: no utilizar la verdad como punto de partida para diseñar nuestro futuro.