Contaminación acústica en Quito: denuncian exceso de ruido en calles, transporte y templos
La contaminación acústica afecta calles, transporte público y espacios religiosos, generando reclamos por exceso de ruido y la falta de control de autoridades

Quito padece una innegable crisis de contaminación acústica en calles, plazas e incluso templos
¿Por qué en Quito quienes manejan equipos de sonido agreden a los oyentes rebasando el límite permitido de 65 decibeles? Esta contaminación acústica —muchas veces combinada con música de dudoso gusto— se sufre en centros comerciales, calles y plazas, incluida la de la Independencia, donde pseudocantantes y comerciantes inescrupulosos instalan potentes parlantes en las aceras.
La agresión se duplica en el transporte público: buses urbanos e interparroquiales en mal estado martirizan a los pasajeros con el ruido de sus motores, el abuso del claxon y música a todo volumen. En las vías, los recolectores de chatarra y repartidores de gas saturan el ambiente con su “marketing acústico”. Incluso el cielo es víctima del estruendo de viejos aviones militares en prácticas acrobáticas. Sin embargo, el premio al primitivismo acústico se lo llevan los motociclistas que alteran deliberadamente sus tubos de escape para generar el mayor ruido posible.
El ruido también llega a espacios religiosos
Lamentablemente, este fenómeno también se disfraza de piedad en algunos templos de Quito. Allí, cantantes individuales o agrupaciones con egos inflados elevan sus voces y los sistemas de sonido hasta niveles insoportables, mostrando una actitud egoísta ante los feligreses.
La agresión acústica es una realidad innegable en Quito; ojalá las autoridades metropolitanas y las eclesiásticas tomen medidas efectivas para frenar la codicia y el exhibicionismo de los agresores acústicos.
Jaime Fernando García Gaibor