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Diario Expreso Ecuador

El chivo verraco del cerro: la historia de fidelidad en tiempos del boom petrolero de Ancón

Durante el boom petrolero de Ancón, Santa Elena, un chivo verraco protagonizó una singular historia de lealtad al acompañar y buscar a su dueño todos los días

Un chivo acompaña a su dueño cerca del campamento petrolero de Ancón, evocando la historia de fidelidad narrada durante la época del boom petrolero en Santa Elena.

Un chivo acompaña a su dueño cerca del campamento petrolero de Ancón, evocando la historia de fidelidad narrada durante la época del boom petrolero en Santa Elena.Imagen generada con IA

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En pasada época del boom petrolero llegaron para quedarse un grupo de jóvenes del interior del país, a comunas cercanas del campamento de Ancón.

Entre ellos uno de apellido Salazar, quien con el tiempo construyó una hermosa casa en la cima de una loma de la comuna Prosperidad - Santa Elena.

Al joven Salazar le agradaba mucho el campo teniendo una gran huerta junto a la casa y un gran corral donde cabía una manada de chivos que cuidaba.

Con el tiempo, Salazar consiguió trabajo en la empresa petrolera de Ancón, donde logró estabilizarse en el trabajo sin dejar a un lado sus actividades de campo.

El chivo verraco del cerro

Entre los chivos sobresalía uno de gran tamaño, de áspero pelaje, color gris, de cachos muy retorcidos, que siempre estaba en celo, despidiendo un olor muy fuerte.

El chivo verraco del cerro y su dueño en su crianza lograron una gran afinidad, obedeciendo en todo y cuidándose mutuamente.

Una rutina de fidelidad

El chivo verraco inspiraba respeto y siempre acompañaba en la mañana a su dueño a la parada del carro que le llevaba al campamento minero.

Asimismo, en la tarde estaba atento al escuchar el pito de salida de los trabajadores del campamento para ir a la parada de la carretera de Prosperidad y esperar a su dueño.

El animal que iba a buscar a su amo

En ocasiones el chivo se cansaba de esperar porque su dueño no bajaba del bus de los trabajadores.

Él se adelantaba o se atrasaba y el animal no estaba hasta ir a buscarle de salón en salón en Prosperidad, abriendo las puertas abatibles con sus cachos, buscando a su dueño, conociendo su debilidad por el trago.

El olor de animal verraco inundaba el salón. Al encontrarlo se alegraba y motivaba a que su dueño dejara de tomar y se dirigiera a la casa. Era común en la noche ver al bohemio con su chivo.

Una memoria de lealtad

En torno a este acto de fidelidad entre animal y amo quedaba en el aire una estela de comentarios.

Memoria de Víctor Rodríguez Salazar.

Evelio Patricio Reyes Tipán

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