Cartas de lectores: La raíz
Un pueblo bien alimentado es un pueblo digno y feliz.
Ninguna autoridad se preocupa del alto costo de los alimentos y nos expurgan de las ideas de hacer un reclamo justo publicando como aliciente que la inflación de agosto fue de 0,5 %, no se sabe si de cada producto o del costo total de la canasta básica, cuyo indicador es de $ 785,47. Lo que sucede en todos los mercados del país ha golpeado los bolsillos de las familias, limitando en cantidad y calidad la vida. Una familia de clase media que compraba en $ 35 un q de arroz, hoy adquiere un saquito de 25 lb en $16; 5 k de azúcar en $4,98. Hoy cada libra en $1,25. Cien limones $1, hoy 10 unidades un $1. 3 pimientos $1; antes, 6 X $1. Cebolla colorada antes, $ 0,35 lb, hoy $1,35. Todas las legumbres se incrementaron en un 30%. Aceite el litro $1,80, hoy $ 2,80. Carne de res $ 3,30 lb, hoy $ 4. Pollo $0,90 la lb, hoy $1,50. La lb de pechuga $1,80. Las clases medias están perdiendo el estatus que tenían. Son tiros de espuma las visitas de autoridades acompañadas de policías a mercados de mayoristas y minoristas a observar la lista de precios. La solución está en atacar la raíz, que penetró con los incrementos del precio de los combustibles. Se advirtió que esto sucedería, pero como los precios no se dispararon al instante, ahora se piensa que no incidió en lo que hoy acontece. Todo el conglomerado productivo: transportación, agrario, empresarial y comercial (importador-exportador) lo sienten en sus ganancias, las cuales ven mermadas, insuficientes para cubrir costos de producción y gastos de distribución. La solución: transferir al consumidor final vía incremento de precios, produciéndose la inflación. El gran acuerdo nacional, que tanto proclaman, debe darse bajando los precios de los combustibles para tener competitividad en acuerdos comerciales. Equivale a poner dinero en los bolsillos de todos los ecuatorianos, que con mayor poder de compra, incrementarán la aportación al ingreso fiscal con mayor pago de IVA. Sube el poder nutricional de los ecuatorianos, en especial de niños y ancianos. Un pueblo bien alimentado es un pueblo sano, se restarían cientos de enfermedades e ingresos a hospitales, lo cual redunda en ahorro. Esa baja moderada en los precios de combustibles es un ganar-ganar. Los agoreros del desastre gritarán: “incrementa el contrabando”; férreo control fronterizo. Si el petróleo que se extrae es de todos los ecuatorianos, que sirva para todos.
Un pueblo bien alimentado es un pueblo digno y feliz.
César Antonio Jijón Sánchez