Cartas de lectores: La franquicia bukeliana
Es de esperar que el notable logro no tenga la fragilidad de las cosas que solo se sustentan en una rebasada represión
Como estremecedor aderezo a males de toda índole que padece Latinoamérica, deviene una plaga social de impredecibles connotaciones, la delincuencia, trastornando el andamiaje social de las poblaciones sin soslayar a ciudades capitales. En este panorama desolador surge un líder político en Centroamérica, que por medios poco ortodoxos y autoritarios logra sofocar la ola indetenible de criminalidad y un explicable y masivo respaldo a nivel territorial e internacional. El joven presidente crea un nuevo paradigma en su gestión autoritaria; esto es aceptado como un precio ineludible por el sofocamiento de la desbordada criminalidad. Si se mira el otro lado de la medalla surgen polémicas, debate. ¿Frente a una torrentada delincuencial estarían surgiendo seductores aparatajes estatales dictatoriales que inevitablemente van a cobrar víctimas inocentes, juzgadas o masacradas por denuncias perversas y una cacería de brujas aupada oficialmente, que va a impactar, como siempre, a los estratos más pobres y vulnerables de la población, víctimas ya no solo de bandas sino ahora de tentáculos oficiales fascistas prevalidos de estados de excepción, con cooptación de otros poderes y ungidos en su guerra santa contra el delito. Es de esperar que el notable logro no tenga la fragilidad de las cosas que solo se sustentan en una rebasada represión, el mesianismo, miedo, paranoia, sumisión, silencio y total ausencia de compasión, que contamina a una sociedad desesperada, sin justicia y con sobrecogedora vulnerabilidad.
Augusto Osorio M.