Cartas | Compasivos burgomaestres: bomba de tiempo para el transporte urbano
Ojalá el Metro capitalino no sea también objeto de la destructiva demagogia.
En Ecuador, funcionarios elegidos mediante voto democrático deben sacramentar las tarifas de transporte público. Algunos represan el costo del pasaje urbano en desatinados niveles; victimizan al usuario, subestiman su dignidad, considerándolo imposibilitado de pagar unos centavos más por un servicio. Si se pudieran congelar precios de otros productos o servicios de primera necesidad, sería una hecatombe, vendría el colapso, la escasez y la especulación. En el transporte se darán peligrosas situaciones de mal servicio, deserción, inadecuados mantenimientos e imposibles renovaciones del parque automotor, lo que predispone a accidentes así como la afectación de los más pobres, pues conlleva la ineludible utilización de transportación informal alterna más costosa. Ningún ciudadano u entidad -se supone- está obligado a trabajar a pérdida o con irrisorios beneficios por prestar servicios esenciales. Siendo así, se podría cuestionar la pesada carga burocrática, soportada por el mismo sufrido pueblo, a quien se pretende defender. Las tarifas deben ser fijadas con criterio técnico, sin demagogia, ni discursos farisaicos. Y los transportistas, bajo un sensato tarifario, estar sujetos y motivados a brindar al ciudadano seguridad, en un contexto operativo de alto nivel. No oponerse a emprendimientos complementarios con vehículos más livianos para transportar estudiantes y campesinos a sus hogares o comunidades en horas nocturnas críticas. Ojalá el Metro capitalino no sea también objeto de la destructiva demagogia.
Augusto Osorio M.