Acerca del porte de armas
Otra cosa diferente es que se quiera incrementar por decreto el comercio de armas y municiones
El que porta un arma, con permiso o sin él, no la tiene para lucirla o ‘pavonearse’, sino para usarla, ya sea en momento de apremio o cuando considere amenazada su integridad.
Aunque se estime paradójico, está demostrado que las probabilidades de morir son altas en quienes se deciden por el porte y tenencia de armas, comparado con quienes no las tienen. Está latente que en circunstancias difíciles son pocas las personas que hacen uso de una ecuanimidad pacifista o de disuasión. Los impulsos emocionales, sean estos malos o buenos, ciegan la inteligencia, y la mayoría tiende hacia la violencia.
Cuando se tienen las armas para defensa o enfrentamientos, las personas se envalentonan, en ocasiones se actúa precipitadamente sin tomar en consideración detalles que parecerían sin importancia, pero que tienden a pesar más que el delito que se trataba de eludir.
Los sicarios actúan a mansalva, aprovechando el factor sorpresa, con plan logístico definido hacia el objetivo y fuga. En un ataque así, poco vale el porte y tenencia. Puede ocurrir que el ‘blanco’, si está enterado de que su vida corre peligro, tratará de proteger con al menos un guardaespaldas armado (pueden ser más según la importancia del custodiado). En un ataque, se desata un enfrentamiento, las personas circundantes que no saben lo que se traen entre manos los enfrentados, como se dice vulgarmente” sin ser arte ni parte” pueden caer abatidos.
¿Quién respondería en estos casos? O se esgrimiría la excusa consabida de que estuvo a la hora y en el sitio equivocado? Esto es solo una muestra de lo que podría ocurrir en cualquier lugar del país a consecuencia del uso de armas en civiles.
Por más que se mencione que el porte de armas podría servir de fuerza disuasiva, de muy poco servirá con una delincuencia armada. Lo aconsejable es desarmarla a fin de bajar las tasas de criminalidad. Que se incremente la pena de porte y tenencia ilegal de armas de tres a diez años sin rebaja de la pena por ninguna consideración. ¿Se arriesgarán los gatilleros a pasar diez años de prisión, si son sorprendidos portando ilegalmente armas, luego de minuciosas requisas?
Solamente desarmando inteligente y drásticamente al delincuente tendremos paz social. Otra cosa diferente es que se quiera incrementar por decreto el comercio de armas y municiones. Equivalente a otra epidemia mortal. Ese es otro cantar.
César Jijón Sánchez