Verdades Diminutas
Los años que ganamos
En Ecuador, la falta de un registro nacional dificulta conocer cuántas personas viven con demencia y dimensionar las necesidades de atención y cuidado

El Alzheimer es la causa más frecuente de demencia, aunque no es la única.
En septiembre, las ciudades se iluminaron de morado y los más atentos notamos, en el ruido mediático, una palabra más. Alzheimer. Un nombre que pone los pelos de punta porque nombra el olvido. Los médicos lo llaman demencia cuando quita la autonomía, y el Alzheimer es su causa más frecuente, no la única. Llegamos a vivir lo suficiente para que ese olvido deje de parecer el precio normal de envejecer. La longevidad explica el volumen de casos, no el destino de cada uno, y hay diagnósticos a los cincuenta que ningún factor anuncia.
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La cifra que este año salió a la calle dice que hasta un 45 por ciento de los casos de demencia se atribuye a lo que una vida puede cambiar, y eso no se reparte parejo. Lo que más pesa, según la revista *Lancet*, es oír bien, haber ido a la escuela, no estar solo y tener el colesterol a raya. Aquí la asimetría empieza antes, en el audífono que no llegó y en la compañía que faltó. Y sigue después del diagnóstico.
El cuidado del Alzheimer en Ecuador recae en las familias
En Ecuador, el cuidado es privado. Quien puede paga una acompañante de día y releva de noche. Quien no puede tiene un familiar, casi siempre una hija, sin capacitación ni respiro. Y los centros diurnos públicos reciben a mayores en pobreza con dependencia leve. Para el resto no hay plaza.
Aun así, este año algo cambió de escala. La Fundación TASE, con quince años cuidando personas con Alzheimer en Quito, llevó a las autoridades de Salud el primer borrador de un plan nacional de demencias. Ecuador participó en el primer ensayo latinoamericano sobre estilo de vida y riesgo de demencia que publicó *Lancet*, y la Junta de Beneficencia abrió con TASE una unidad terapéutica para deterioro cognitivo dentro de su hogar. El borrador propone un registro, porque nadie ha contado. Los cien mil casos estimados para Ecuador son una extrapolación de 2010, mientras el pronóstico global se triplica, de 57 a 153 millones en 2050.
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Guayaquil sigue sin un centro especializado como el de Quito. Lo digo desde el directorio de AmArte, el proyecto que un grupo convocado por Carlos Jijón empezó a armar aquí con TASE como referente. Un centro así cuesta y no llega a todos. Lo otro que TASE hace y AmArte también se ha propuesto —investigar, abogar, formar cuidadores y educar— sí se reparte parejo.
Estamos en octubre y el morado aún no se apaga. El borrador le pide seis cosas a las autoridades de Salud y una las sostiene a todas: contar, para dimensionar el problema. Un registro nacional y con fecha, porque los años que ganamos son reales y nadie debería perderlos sin nombre.
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