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Tár
Escena de Tár.Cortesía

Tár, ella debe ser juzgada

La cinta dirigida por Todd Field, ostenta seis nominaciones a los premios Óscar, incluidos mejor película, dirección y guion original.

La mundialmente famosa Lydia Tár (Cate Blanchett, óscares por El aviador, 2004 y Blue Jazmín, 2013) está siendo visitada por Adam Gopnik (interpretándose así mismo), crítico y periodista de la revista The New Yorker, a pocos fechas del lanzamiento de su libro y grabación con la Filarmónica de Berlín de la Quinta Sinfonía de Gustav Mahler (1860-1911).

Esto la lleva a la cumbre de su ya formidable carrera, donde es genial compositora y conductora. Lamentablemente, ciertos momentos ocultos de su vida surgen inesperadamente a través de las redes sociales y su vida comienza a desmoronarse.

Su refugio está en el amor que le profesa a su hija adoptiva de seis años, Petra (Mila Bogojevic). Su fiel asistente, Francesa Lentini (Noémie Merlant), y el Departamento de Prensa de la Sinfónica tratan de apaciguar rumores, pero su imagen de fémina arrogante, orgullosa y embriagada con la fama, el poder y su riqueza no le van a servir de mucho, tampoco su relación con la primera violinista de la orquesta, Sharon (Nina Hoss).

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La película impulsa a verla dos veces, porque es un análisis de las fallas que genera el poder, la popularidad y su afecto a la corrupción. Esto queda simbolizado en el personaje que da título al largometraje (2h38m).

También sirve para escrutar el vigor alcanzado por las redes sociales, hasta el extremo de haber creado en el 2015 la ‘cultura de la cancelación’, cuyo principio es quitarle apoyo o inhabilitar a una persona que dijo o hizo algo ofensivo, cuestionable.

Eso, que es el fondo de Tár, no significa archivar su valía cinematográfica. Allí, el centro de la gravedad está en la galvanizante actuación de Cate Blanchett y sus ojos supeditados al matiz que den a su rostro. Ese aspecto le sirve para mostrar su estado anímico… dejar en claro su ego, ponerse la máscara del desprecio cuando el momento lo exige o mostrar el instante en que su alma cruje.

Toda esta labor alcanza perfección y trae a la memoria a Vivien Leigh y su Blanche Dubois en Un tranvía llamado deseo (1951), no solo por su esmero, sino porque esos roles en manos de otras actrices menos privilegiadas caerían en lo risible.

Tanto la dirección como el guion del asombroso Todd Field, que no filmaba hace 16 años, permiten que la Blanchett sea quien deba llevarse el Óscar por el cual ha sido nominada este año y le haya proporcionado la Copa Volpi  que entrega el Festival de Venecia, amén de todos los galardones que viene obteniendo por esta película.

Si el guion es excelente, la calidad de su fotografía es resplandeciente y ello le proporciona insólito poder visual. La iluminación y los primeros planos son justos como lo es su dirección artística. Esta conlleva elegancia: el ambiente siempre está enmarcando la riqueza de la alta burguesía, su mundo de lujos y clase, donde ella se mueve socialmente, intelectualmente hasta convertirse en retrato de aquella sociedad. Pero Lydia también infringe.

La música, los conciertos entusiasmarán a los amantes de lo clásico, no solo porque escucharán a Mahler y Edward Elgar (1857-1934), sino por las canciones y música de Hildur Guónadóttir, cuya banda sonora aguijoneó a los espectadores de Joker (2019).

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Sobresalen las escenas referentes a los ensayos previos a un concierto, es como si la cámara se hubiera convertido en la mirada curiosa y anhelante de un melómano. Asombra el que la actriz haya aprendido alemán, a digitar el piano y, sobre todo, a dirigir una orquesta. Sus movimientos son exactos, como si ella fuese realmente una conductora.

Ex profesamente dejo cabos sueltos para que usted al ver la película se convierta en juez de Lydia Tár, porque una sensación deja el filme: ella debe ser juzgada.

Nota al margen: Es de agradecer el hecho de que los distribuidores y las salas cinematográficas del país estén exhibiendo o hayan exhibido las películas nominadas al premio Óscar que celebra el 12 de marzo sus 95 años. Ningún laurel cinematográfico ha alcanzado tal nivel.

  • CALIFICACIÓN: * * * * *

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