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Diario Expreso Ecuador

Mentes que sanan

¿Por qué algunas personas lloran o se enojan por el fútbol? La psicología lo explica

El fútbol despierta emociones intensas durante todo el año, pero el Mundial 2026 las pone bajo una lupa. Psicólogos explican cuándo se debe prestar más atención

Enfrentamientos entre hinchas de Argentina y Argelia en Nueva York dejaron escenas de violencia por el partido entre ambas selecciones.

Enfrentamientos entre hinchas de Argentina y Argelia en Nueva York dejaron escenas de violencia por el partido entre ambas selecciones.Andres Kudacki

Génesis Parrales
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Lo que debes saber

  • Sentir emociones por el fútbol es normal; perder el control, no.
  • Los niños aprenden más con el ejemplo que con las palabras.
  • El Mundial intensifica emociones que el fútbol despierta todo el año.

El fútbol siempre ha tenido la capacidad de mover emociones profundas. Lo hace cada fin de semana en los campeonatos nacionales, en la Copa Libertadores o en un clásico entre rivales históricos. Sin embargo, cuando llega un Mundial, esa montaña rusa emocional deja de vivirse solo entre hinchas y se convierte en una experiencia compartida por millones de personas.

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En medio de la Copa Mundial de la FIFA 2026, donde las selecciones vuelven a ocupar conversaciones familiares, oficinas y redes sociales, especialistas en psicología recuerdan que sentir euforia, nervios, tristeza o frustración por un partido es completamente normal. La preocupación aparece cuando esas emociones dejan de ser pasajeras y comienzan a afectar la conducta, las relaciones personales o el bienestar emocional.

¿Por qué un partido de fútbol despierta emociones tan intensas?

El fútbol puede ir más allá del resultado de un marcador. Para muchos aficionados representa identidad, pertenencia y recuerdos compartidos con familiares o amigos. La psicología explica que esa conexión hace que las victorias se vivan con orgullo y las derrotas con una intensidad que, en algunos casos, puede parecer desproporcionada.

Cuando una persona se identifica profundamente con un equipo, el cerebro procesa las victorias como una experiencia gratificante y las derrotas como una pérdida simbólica. Esa identificación no es negativa por sí misma; de hecho, fortalece el sentido de comunidad y puede aportar bienestar. El problema aparece cuando el resultado del partido termina definiendo el estado emocional de la persona durante días o desencadena conductas agresivas.

Para el psicólogo clínico César Valcárcel, el fútbol también puede convertirse en un espacio donde afloran emociones que no necesariamente nacieron en la cancha.

"Las emociones intensas se dan porque se viene regularmente reprimiendo emociones o frustraciones de la vida cotidiana y se encuentra en ese espacio, de una manera socialmente aceptable, una vía de desfogue", explica.

Desde esa perspectiva, el partido funciona como un detonante más que como la causa del malestar. Los gritos, los insultos o las reacciones impulsivas pueden ser la manifestación de tensiones personales que ya existían.

Una riña entre aficionados en el estadio de Querétaro, México, el 5 de marzo de 2022.

Una riña entre aficionados en el estadio de Querétaro, México, el 5 de marzo de 2022.AFP

Cuando una derrota se siente como un fracaso personal

No todas las personas reaccionan igual ante un resultado deportivo. Mientras unas cambian de canal y continúan con su rutina, otras permanecen molestas durante varios días o sienten que la derrota del equipo también les pertenece.

Valcárcel atribuye esta diferencia, en parte, a la forma en que algunas personas construyen su identidad. "Las personas que no tienen una identidad bastante estructurada se vinculan muy fácilmente con modelos externos", sostiene.

Cuando eso ocurre, el equipo deja de ser únicamente un pasatiempo y pasa a convertirse en una extensión de la propia identidad. Así, una derrota puede sentirse como un fracaso personal.

Aunque el especialista aclara que las investigaciones no muestran una relación directa entre este tipo de situaciones y conductas suicidas o autolesiones, sí advierte que pueden aparecer respuestas impulsivas, como el consumo excesivo de alcohol o explosiones de ira.

¿Cuándo la pasión por el fútbol deja de ser saludable?

Sentirse triste porque perdió la selección o celebrar con euforia un triunfo forma parte de la experiencia deportiva. La diferencia entre una reacción normal y una señal de alerta no está en la emoción, sino en su intensidad, duración y consecuencias.

La psicóloga Paola Cercado explica que el primer aspecto que debe observarse es cuánto tiempo permanece esa emoción, pues el problema comienza cuando esa frustración se prolonga, domina la rutina o deriva en violencia.

"Cuando las reacciones son extremadamente caóticas o hay mucha violencia porque tu equipo perdió, ahí hay un problema más de fondo. No es solo porque perdió tu equipo; hay que preguntarse qué más estás arrastrando a nivel emocional", añade.

Los especialistas coinciden en que algunas señales de alerta incluyen mantener el enojo durante varios días, descuidar responsabilidades, protagonizar peleas en redes sociales, insultar a otros aficionados o justificar conductas agresivas por el resultado de un partido.

Los niños también sienten la derrota, y eso no significa que exista un problema

Durante el Mundial es frecuente ver a niños llorar cuando su selección pierde o cuando su jugador favorito falla una oportunidad de gol. Para los psicólogos, esa reacción no debe interpretarse como algo anormal.

Cercado insiste en que las emociones son inevitables. "El problema no es sentir, sino qué es lo que hacemos cuando sentimos y cómo reaccionamos con este sentir", afirma.

En lugar de minimizar el llanto o pedirles que "no exageren", recomienda acompañarlos, validar lo que sienten y enseñarles que ganar y perder hacen parte del deporte y de la vida.

"Hay que aprender a disfrutar lo que estamos observando más allá del resultado", explica. Según la especialista, el fútbol puede convertirse en una oportunidad para enseñar tolerancia a la frustración, autocontrol y respeto por el rival.

Los adultos enseñan más con sus acciones que con sus palabras

La manera en que los niños aprenden a vivir el deporte depende, en gran medida, de lo que observan en casa. Si un padre rompe objetos, insulta al árbitro o agrede verbalmente a otros hinchas después de una derrota, el menor puede interpretar que esa es una respuesta aceptable frente a la frustración.

Por eso, Cercado recuerda que el ejemplo pesa más que cualquier discurso. "Los niños aprenden más por la imitación, por espejo, que por lo que tú les puedas decir en palabras." Y agrega: "Lo que tú explicas lo tienes que equilibrar con lo que haces. Los niños no se quedan con las palabras; se quedan con las acciones."

El fútbol emociona; la violencia tiene otras raíces

Los especialistas coinciden en que el fútbol no genera, por sí solo, problemas de salud mental. Lo que hace es amplificar emociones que cada persona gestiona de manera distinta.

Para Valcárcel, cuando alguien responde con violencia a un resultado deportivo, probablemente esté descargando frustraciones acumuladas. "Lo más recomendable sería no acumular tanto para que, cuando vengan estos estímulos deportivos, las reacciones sean más reguladas", afirma.

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